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Ulf Hannerz

ULF HANNERZ:
"Existe la posibilidad de ver el mundo como una gran comunidad imaginada"

Entrevista y traducción:
SERGIO LÓPEZ MARTÍNEZ, LYDIA RODRÍGUEZ CUEVAS

Fotografías y montaje:
LYDIA RODRÍGUEZ CUEVAS

Tal vez no sea necesario hacer muchas presentaciones del antropólogo a quien entrevistamos en este número. Hablar de Ulf Hannerz es mencionar a uno de los más reconocidos autores dentro de campos tales como la antropología urbana, el análisis de los procesos transnacionales o el impacto de los medios de comunicación.

Ulf Hannerz es profesor de Antropología Social en la Universidad de Estocolmo (Suecia), y ha impartido docencia en varias universidades europeas, estadounidenses y australianas. Es miembro de la Real Academia Sueca de Ciencias, de la Academia Americana de Artes y Ciencias, miembro de honor del Real Instituto Antropológico de Gran Bretaña e Irlanda y antiguo presidente de la Asociación Europea de Antropología Social. Ha realizado trabajo de campo en África Occidental, el Caribe y los Estados Unidos. Recientemente acaba de publicar un trabajo sobre su experiencia y trato con periodistas corresponsales en diversos países (Foreign News).

Hannerz es un hombre amigable, cordial y con un excelente sentido del humor. Durante esta entrevista tuvimos ocasión de conversar con él sobre toda su trayectoria académica, desde el comienzo de su trabajo como antropólogo urbano hasta sus últimas experiencias en el campo de los medios de comunicación.


P: A usted se le asoció inicialmente con la antropología urbana, especialmente con la publicación de su conocida obra “Explorando la ciudad”. Posteriormente ha trabajado en procesos de transnacionalización y globalización, o lo que usted denomina como “ecúmene global”, y actualmente está realizando investigaciones sobre los medios de comunicación y el periodismo. ¿Son etapas independientes en su carrera o hay un hilo conductor entre ellas?

R: Definitivamente hay un hilo conductor. “Explorando la ciudad” tuvo gran difusión y fue traducido a varios idiomas. Este libro fue el producto de la época en la que hice mi primer trabajo de campo en un vecindario afro-americano, en Washington, en los años 60. Fue el momento en el que la etiqueta de “antropología urbana” comenzó a utilizarse para definir una subdisciplina, con sus propios congresos, organizaciones y revistas de difusión. “Explorando la ciudad” fue realmente mi intento de condensar lo que sería una historia de la antropología urbana. Sentía que dicha antropología no debía consistir en dividir las ciudades en pequeñas unidades tales como vecindarios, asociaciones u ocupaciones, sino que deberíamos explorar las comunidades por entero. En los años setenta realicé trabajo de campo en una comunidad de Nigeria. Mi idea era estudiar por entero el centro urbano y las áreas circundantes. Así lo hice, pero a medida que avanzaba el estudio de campo me fue intrigando más la nueva cultura urbana que había sido creada en parte por las modernas influencias europeas y americanas y en parte por las tradiciones culturales africanas. Esta forma de “creatividad cultural” y la emergencia de esta nueva cultura me resultaron muy interesantes. Entonces traté de afrontarlo etnográficamente, a finales de los setenta y principios de los ochenta. Me di cuenta de que no se había hecho mucho trabajo teórico relevante al respecto. Así fue cómo poco a poco me fui involucrando más en el pensamiento sobre aspectos generales de la antropología, en un contexto global o transnacional. Por eso pasé de los estudios urbanos a los globales, en una época donde la “globalización” no era todavía un término muy utilizado.

¿Dónde emplazaban los antropólogos la globalización en aquel momento? ¿Cuales fueron sus inicios en este campo?

Mi trabajo desde los ochenta en adelante, durante diez años, fue básicamente una forma de trabajo teórico y conceptual sobre los aspectos sociales y culturales de la globalización. Posteriormente sentí que debía volver al trabajo de campo nuevamente para estudiarla. La “antropología de la globalización” se ha implicado a menudo en esa conjunción de “lo global y lo local”, que era lo que había hecho en el estudio de mi poblado en Nigeria. Así que pensé “Bien, hagamos un experimento estudiando otro tipo de unidades de investigación”. Por eso comencé a entrevistar a periodistas que se habían especializado como corresponsales. Quería ver si podía haber un campo de estudio en todo aquello, y me gustó mucho. Eran gente de muy agradable trato, les gustaba contarme sus historias, y además las historias que cuentan a sus audiencias tienen relevancia, ya que llegan a mucha gente.

Ulf Hannerz ¿Cómo construyen los medios de comunicación las "comunidades imaginadas", en términos de Benedict Anderson, y cuáles son las repercusiones sociales de este fenómeno?

El libro de Anderson “Comunidades Imaginadas”, por supuesto trata de la forma en que el "capitalismo impreso" y especialmente el crecimiento de los periódicos forman las naciones y las comunidades a modo de personas que se ven a sí mismas como formando una clase determinada. Precisamente esas personas están enlazadas simultáneamente en los mismos hábitos de lectura. No se trata tanto de relaciones “cara a cara” como de “hombro con hombro” es decir, concentrando su atención en una sola dirección. Pero desde que Anderson definió ese término, me atrevo a decir que se ha aplicado de distintas formas, identificando más tipos de comunidades imaginadas y básicamente con el rasgo común de que no son locales, sino dependientes en buena medida de los medios, fuera cual fuera la cohesión que estos mostraban. Es verdad que el término no es perfecto, dificilmente podemos tener una comunidad completamente divorciada de los actos de la imaginación. Pero el aspecto que yo quiero resaltar es que, a medida que las tecnologías de los medios de comunicación se han desarrollado y diversificado, otros medios distintos a los periódicos impresos nos permiten construir "comunidades imaginadas" que traspasan las fronteras nacionales. Como sabemos, Marshall McLuhan, con su “aldea global” ya planteó este tipo de argumento hace algún tiempo-. Eso no quiere decir que no le podamos poner objecciones a este término. En cualquier caso, cuando hay tanta gente que ahora puede ver, especialmente en los telediarios, a poblaciones enteras muriendo de hambre en África, o el bombardeo de los Balcanes, o los aviones estrellándose en el World Trade Center, existe la posibilidad de ver el mundo como una gran comunidad imaginada, un gran mundo sintiendo compasión por las víctimas. Posiblemente, si uno está expuesto a este tipo de condiciones y hechos día tras día, se corre el riesgo de caer en una “fatiga de compasión”. Y creo que aún no sabemos darnos cuenta sobre cómo los distintos tipos de presentación de las noticias y los distintos tipos de recepción e interpretación de contextos conducen también a diferentes sentimientos.

¿Estamos los antropólogos capacitados para hacer lo mismo que los medios de comunicación? ¿Hasta qué punto están relacionadas antropología y política?

Las perspectivas antropológicas pueden ser usadas de varias formas, incluyendo formas que ni siquiera pretendemos que aparezcan. Yo me muevo entre antropólogos con gran reconocimiento profesional y que se consideran a sí mismos como políticamente radicales, liberales o conservadores. Es decir, al menos hasta cierto punto no parece que la antropología por sí misma sea la que dicte las tendencias políticas. En los casos que menciono, parece que han llegado a definir sus ideologías a través de otros caminos. Considero que nuestro sentido de la diversidad humana no favorece mucho la creación de posicionamientos. Sin embargo hemos visto recientemente que el concepto de cultura del que hemos hecho el punto central para comprender a la humanidad puede ser utilizado para construir a los “otros”, así que obviamente tenemos que tener cuidado. Pero incluso así, considero que debemos ser reformistas antes que abolicionistas por lo que respecta al concepto de cultura, y tratar de utilizar la autoridad intelectual que tengamos al respecto para hacer sonar la alarma tan pronto como veamos que las nociones de cultura se usan de forma peligrosa. Mientras nos conciernan los sentimientos de comunidad, mientras escribamos principalmente para los demás, crearemos realmente la comunidad. Prefiero pensar que podemos tender a formar un sentimiento de comunidad que incluya la diversidad dentro de ella.

Si la antropología está originalmente libre de esa tendencia política, ¿Cree que una base de conocimiento antropológico podría ser una formación indicada para programas de educación primaria?

Considero que la antropología debe ser una disciplina impartida en las edades más tempranas de la vida académica, en la etapa preuniversitaria, porque incluso aunque se trate de cursos cortos, debe completar a otras disciplinas. Sería muy bueno que los economistas o los polítólogos tuvieran una comprensión antropológica básica para problematizar sus propios conceptos y lograr llegar a otros puntos de vista que les den una perspectiva comparativa. Siempre he pensado en la antropología como algo mucho más acorde con la educación general, de tal modo que más gente pudiese tener mejor comprensión de la cultura. Creo que esto es importante, y no sólo en las etapas superiores. He oído que incluso George W. Bush siguió cursos de antropología. ¡Aunque probablemente se saltó bastantes clases!

En España hemos vivido recientemente los trágicos acontecimientos del 11 de marzo en Madrid, y vemos que se unen a la triste lista de otros ataques que han sucedido o están sucendiendo ¿Qué reflexión cree usted que los antropólogos podemos ofrecer en nuestra “sociedad global?” Es un hecho que no sólo se globalizan los lenguajes o la tecnología, sino también las diferencias y los odios.

Creo que debemos comenzar por pensar más sobre la turbulencia cultural, sobre las relaciones entre hechos por un lado y las estructuras sociales y culturales por el otro. Precisamente por la manera en que trabajan los medios de comunicación, los hechos adquieren una gran escala e incluso unas consecuencias globales. Lo hacen de una forma que –al menos en la rapidez y disposición- no lo hacían antes. Como parte de esto debemos pensar en la preocupación y el miedo que se ha generado tras el 11 de Septiembre de 2001. Al mismo tiempo necesitamos tener la cabeza fria y evitar críticas simplistas.

Volviendo a los medios de comunicación, ¿Qué es lo que un antropólogo aprende al estar entre periodistas?

En mi departamento en Estocolmo recientemente hemos estado debatiendo la relación entre antropología y periodismo, ya que muchos estudiantes de postgrado tienen formación como periodistas. Algunos de ellos y yo hemos estado haciendo investigación sobre el tema. Por supuesto que los periodistas y los antropólogos tienen formas distintas de trabajar, pero también hay difierentes tipos de periodismo y diferentes tipos de antropología. Por eso algunas veces las diferencias no son tan grandes, por ejemplo en aspectos tales como la obtención de información. En otros aspectos los antropólogos, como otros muchos académicos, tienden a escribir para otros antropólogos, con sus mismos intereses y perfiles, y eso termina en textos muy especializados. Los periodistas –según confiesan algunos- hasta cierto punto también escriben para sus propios colegas, pero no es algo generalizado, ya que deben llegar a un público más amplio. Creo que sería bueno para la cultura y para la antropología como disciplina que hiciésemos un esfuerzo para que nuestros escritos pudiesen dirigirse a una audiencia un poco más amplia, y experimentar con otros estilos de escritura que nos valgan para ello. Algunos historiadores parecen haber llegado mejor que nosotros a los lectores de formación media, y algunos periodistas lo logran hacer además con respecto a temáticas que son realmente propias de los antropólogos. Presentar una conferencia es una cosa, escribir un artículo académico es otra y tratar de decir algo útil en una entrevista es otra muy distinta. Debemos pensar en las limitaciones y las posibilidades específicas de cada situación. En la reunión de Copenhague de la Asociación Europea de Antropología Social, en el 2002, tuvimos una sesión en la que reunimos a algunos antropólogos que habían trabajado como columnistas en algunos periódicos y medios similares, y dijeron cosas de las que se podría aprender mucho. Por el contrario, a menudo vemos a antropólogos hablando sobre lo horribles que han sido sus experiencias con los periodistas.

¿Cree que estamos preparados para trabajar junto a los periodistas, o como periodistas?

Creo que debemos ir más allá de los estereotipos que tenemos sobre los periodistas, e intentar que ellos abandonen también los estereotipos que tienen sobre nosotros. Por el bien de la consideración pública de la antropología, deberíamos tratar de hacerles darse cuenta de que no sólo tratamos con “salvajes”, “primitivos” o “tribus”. Obviamente las novedades sobre esto viajan más rápido, especialmente si hay algún tipo de escándalo por medio. Cuando esto ocurre los periodistas son muy dados a recogerlo sea donde sea, y las viejas ideas sobre lo que hacen los antropólogos salen a la luz. Entonces, sea lo que sea que hayamos tratado de hacer, aunque hayamos tratado de cultivar otra concepción pública de la disciplina, puede parecer que ha sido en vano. Pero aun así hay que intentarlo y hacer que los periodistas tengan la sensación de que hacemos otras muchas cosas, mostrándoles cómo probablemente la mayor parte de nosotros no estudiamos “tribus” y que aún así ellos pueden obtener historias muy valiosas de nosotros. Probablemente debamos ponernos en el lugar de la gente que trabaja en los medios de comunicación, de tal manera que con más frecuencia comiencen a vernos como valiosos comentaristas sobre aquello que ocurre. Y por lo tanto debemos hacer un esfuerzo para poder decirles algo que sea razonablemente útil, razonablemente cierto y....¡En muy poco tiempo!

¿Nos podría comentar alguna escena concreta que recuerde particularmente de su trabajo de campo?

Bueno, es algo así como una experiencia recurrente. Cuando estaba haciendo estudio de campo en el pueblo nigeriano que comentaba antes, donde en principio estaba interesado en aspectos totalmente locales, uno de mis amigos del pueblo viene y me dice: “Mmmm….tengo una magnífica idea, tú y yo vamos a poner en marcha un negocio de importanción y exportación”. Yo jamás me había visto a mí mismo como hombre de negocios, así que cambié de tema y además me di cuenta de que mi amigo no estaba tan interesado en exportar como en importar, artículos tales como televisiones, frigoríficos y otros artículos de consumo en Europa y América. En otra ocasión otro amigo me dijo “¿Por qué no te llevas a mi hijo (o el sobrino, no recuerdo) contigo? Le puedes meter en tu universidad”, y vi que estaba pensando algo tal que “luego volverá, se convertirá en un hombre importante y todos nos haremos ricos”. Para mí fue un poco embarazoso. No era tan simple para mi coger a un joven nigeriano de un pequeño pueblo y llevarle a mi universidad, así que tuve que cambiar de tema nuevamente. Pero entonces me di cuenta de que estos incidentes giran entorno a algo muy importante. Los horizontes de esa gente, su cultura, actualmente implican ideas sobre el mundo que normalmente no han sido investigadas por los antropólogos. De esta forma obtuve un punto de partida sobre mis cuestiones acerca de la cultura y la globalización. Este es el tipo de cosas que ocurren y que por un momento no entiendes completamente su significado, pero al rato te vuelven de nuevo, incluso te llegan a irritar, y te preguntas: “Pero, ¿de qué va todo esto?”

Háblenos de su último libro, Foreign News, publicado en Chicago University Press.

Foreign News está subtitulado “Explorando el mundo de los Corresponsales extranjeros”, y creo que eso lo resume en buena medida. Traza setenta largas conversaciones con corresponsales de medios, principalmente en Jerusalén, Johannesburgo, Tokio y algunos otros lugares, así como con algunos editores de noticias extranjeras. Mi intención ha sido mostrar cómo trabajan los corresponsales, cómo son sus perfiles, intereses y carreras, y también cómo otros aspectos de la organizarción del proceso de elaboración de noticias afecta a lo que finalmente nos llega a nosotros. También veo qué tipo de historias son las que se cuentan y cuáles no, desde distintos lugares y regiones del mundo. Mi punto de partida es que los antropólogos y los corresponsales recorren un camino muy parecido. Los dos recogen lo que ocurre a grandes distancias, tanto geográficas como culturales, sin embargo los corresponsales alcanzan audiencias mucho más amplias que nosotros y además juegan un papel clave a la hora de determinar el concepto que el público tiene del mundo.

Por último, ¿Cómo podríamos hacer que nuestra disciplina sea más abierta hacia el público? ¿Podría dar un consejo a los estudiantes, que serán antropólogos dentro de unos años?

Que sigan luchando. Y que miren el mundo que nos rodea con los ojos de un antropólogo. Que miren en sus propias vivencias, en aquello que ven en los medios y que piensen cómo actuarían ante los hechos si ya fuesen antropólogos. Que piensen lo que dirían si tuviesen que escribir un artículo o una tesis doctoral sobre lo que ven. La antropología es una disciplina muy útil para estudiar temas emergentes. Ese es el tipo de cosas que aún no han sido descritas por los historiadores y sobre las que aún no se ha pensado mucho. Eso es lo que me ocurrió en el poblado nigeriano, en el que vi ese tipo de cultura sobre la que no habían escrito los antropólogos. Que intenten no tener un punto de vista demasiado predeterminado sobre lo que hay allí fuera, y que no traten de ser demasiado escolásticos considerando sólo los aspectos que ya han asimilado de la tradición antropológica académica.


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