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Jacques Galinier

JACQUES GALINIER:
"La mayoría de los antropólogos rehúsa leer a fondo los textos clave del psicoanálisis."

Entrevista:
LYDIA RODRÍGUEZ CUEVAS

Fotografías:
SERGIO LÓPEZ MARTÍNEZ

Jacques Galinier responde a la imagen de un antropólogo con fundada inquietud en los procesos disciplinares entre antropología y psicoanálisis. Ha trabajado desde la década de los sesenta con otomíes en diversas misiones etnológicas y arqueológicas, temática sobre la cual ha escrito varios libros y artículos. Es miembro del consejo editorial de varias revistas de antropología, entre las que destacan L'Homme (Paris) o Journal of the Southwest (Universidad de Arizona).

Galinier es una persona trato agradable, que alterna su trabajo como director de Investigaciones en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS) con la docencia en diversas instituciones tales como Paris X, la Universidad Autónoma de México o la Universidad Complutense de Madrid. Fue precisamente en un curso de verano de esta institución donde tuvimos la oportunidad de entrevistarle.


P: Peter Gay, Profesor Emérito de Historia de la Universidad de Yale y estudioso de la obra de Freud, ha declarado que “Freud es ineludible. Hoy en día, es un tópico que todos hablemos de Freud, tanto si lo conocemos como si no, pero el tópico sigue siendo a la vez verdadero e importante… Ignorante o bien informada, nuestra cultura ha encontrado la visión de Freud sobre la mente humana lo suficientemente necesaria como para convivir con ella”. ¿Qué elementos de la metodología Freudiana le parecen aplicables para las ciencias sociales actuales?

R: La teoría freudiana no la considero como una clase de doctrina que se puede aplicar mecánicamente a los datos exóticos proporcionados por los antropólogos. Además, necesita un acercamiento constante con la etnografía actual, y no la etnografía de Frazer, la que usaba el mismo Freud. Con esos datos, sí podemos investigar cuáles son las concordancias entre una concepción occidental de la vida psíquica y las etnoteorías, las que nos divulgan, consciente o inconscientemente, nuestros interlocutores en el campo. Así podremos averiguar hasta dónde se puede utilizar la Metapsicología freudiana. El gran problema actualmente, en estas discusiones, es que la mayoría de los antropólogos rehúsa leer a fondo los textos clave del psicoanálisis, los de Freud y de sus discípulos, que necesitan una larga ascesis. Por su parte, contados son los psicoanalistas interesados en la antropología actual. Tienen una visión totalmente sesgada de la antropología que es la de Freud, o, para los pocos que leen la antropología, es la de Lévi Strauss, que es insuficiente también para dar una idea de la enorme diversidad de los estudios en antropología actualmente. O sea, que el abanico de la etnografía contemporánea sería una base formidable para probar ciertos instrumentos del psicoanálisis, sin pensar que el psicoanálisis funciona en todas partes con la misma eficacia. Existen por ejemplo trabajos de excelente calidad hechos por antropólogos que sí han leído a Freud, como Juillerat que trabaja en Nueva Guinea, un modelo de interdisciplinariedad entre antropología y psicoanálisis. Pero son contados, y permanece una hostilidad tremenda del mundo antropológico hacia el psicoanálisis.

Usted trabaja con psicoanalistas sobre cómo las civilizaciones de Mesoamérica construyen las teorías del inconsciente. ¿Qué rasgos encuentra en común y cuáles son las principales divergencias entre las nociones del inconsciente de las civilizaciones mesoamericanas y la civilización occidental?

No puedo hablar más que de los grupos indígenas con los cuales he trabajado desde hace más de treinta años, en el México oriental. A primera vista, lo que sorprende, son las semejanzas entre sus teorías y la metapsicología freudiana, como la noción de inconsciente, la de represión, la del retorno de lo reprimido, la división del contenido semántico de los sueños entre sentido explícito y sentido latente, o su concepción de “lo arcaico”. Igualmente, la pertinencia del triple punto de vista tópico, económico, y dinámico. Pero también existen discrepancias enormes. La diferencia fundamental es que en Mesoamérica no existe una teoría del sujeto en el sentido occidental. La cosmología sirve de ideología del inconsciente, encadenando totalmente la expresión del saber de un sujeto individual. Solamente existe una clase de inconsciente social, por no decir “étnico” en términos de Devereux, o universal en términos de Jung.

Jacques Galinier Una de las partes más difíciles de su trabajo de campo entre los otomíes fue, sin duda, el aprendizaje de una lengua tan poco estudiada –salvo por escasos lingüistas del Instituto Lingüístico de Verano- como lo es el idioma otomí. ¿Cuáles fueron sus principales dificultades para aprender una lengua tan compleja?

Yo comencé con el aprendizaje de la lengua al mismo tiempo que estaba haciendo trabajo de campo, pues para los temas que me interesaban, como la cosmovisión o la concepción de la persona, era totalmente indispensable tener un conocimiento sobre el idioma para entrar en los compartimentos de la cultura, que son los más secretos. La primera dificultad que tuve fue la carencia de material “didáctico”. No aprendí ni en los libros ni en cursos, porque no existían. Aprendí principalmente a través de la conversación. Ahora disponemos una gramática del otomí oriental hecha por dos lingüistas del Instituto Lingüístico de Verano, Artemisa Echegoyen y Catherine Voigtlander.

La segunda dificultad que tuve está relacionada con el proceso de traducción de cualquier idioma vernacular hacia un idioma de comunicación nacional. Por ejemplo, en México la mayor parte de las comunidades indígenas son bilingües, y esto para mí es más un obstáculo que una ayuda, porque el uso del español es de tipo público para la relación con los mestizos; en cambio, el uso del idioma vernacular implica una relación con la parte más íntima de la cultura local. Por eso es importante aprender el idioma sin pasar por traductores o ayudantes, que se convierten en los colaboradores sistemáticos del trabajo de campo.

Una de las principales prácticas de los antropólogos que trabajan con culturas completamente distintas a la propia es la del empleo de traductores en su trabajo de campo. ¿Qué repercusión tuvo para su trabajo de campo prescindir de traductores otomíes?

La dificultad de aprendizaje del idioma otomí me llevó a distinguir dos niveles en la comunicación de los informantes: por una parte, la exégesis externa, es decir, los comentarios que hacen nuestros interlocutores sobre los asuntos estudiados; por otra parte, la exégesis interna, lo que dicen los miembros de la comunidad cuando no estamos presentes o cuando no somos parte de una experiencia dialógica. Descubrí esta discrepancia fundamentalmente en los “cónclaves etílicos” en los que participaba en las cantinas, durante los cuales identifiqué los dos temas que eran la preocupación mayor de los otomíes: el sexo y la muerte. Por eso dejé de investigar sistemáticamente, y me puse a escuchar el tipo de información que brotaba en aquellos círculos, sin que yo interviniera como observador. Es decir, que dejé de lado la observación participante para tratar de entrar en ese nivel interno de verbalización en el idioma vernacular, incluso en los silencios; éstos son una fuente importante de entendimiento de ciertos sectores de la vida imaginaria que precisamente tienen que ver con el sexo y la muerte.

¿Qué posiciones se mantienen hoy en día en la academia francesa con respecto al estructuralismo lévi-straussiano y cuál es concretamente su postura teórica con respecto a este tema?

En primer lugar, la influencia de Lévi-Strauss no solamente no ha desaparecido sino que al contrario, a través de la revitalización de los estudios de parentesco en la última década, se ha extendido en el campo donde empezó como pionero, en Las Estructuras Elementales de Parentesco. Curiosamente, no tiene discípulos en el análisis estructural de las mitologías. La magnífica tetralogía llamada Las Mitológicas parece más bien una hazaña intelectual personal, que no tiene ningún equivalente. En realidad, muy pocos antropólogos se atreven a interpretar la mitología con la visión holista de Lévi-Strauss. Por otra parte, Lévi- Strauss es un investigador incansable, que no sólo está al tanto de los debates actuales de la antropología sino que interviene en ellos. Es tal vez uno de los últimos gigantes de la historia de la antropología. Para mí Lévi-Strauss es un autor cuyas obras son un estímulo formidable para pensar, sobre todo por la variedad de las direcciones cubiertas, que llevan a discusiones con otras disciplinas, tales como la historia, el psicoanálisis… pero no soy para nada estructuralista en el sentido de seguir el método que Lévi-Strauss ha conceptualizado. Además, mis investigaciones actuales en relación con el psicoanálisis me alejan forzosamente de las posiciones de Lévi- Strauss, pues él refuta totalmente la noción freudiana del inconsciente.


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