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ESPACIO CRÍTICO

FÓRUM UNIVERSAL DE LAS CULTURAS, BARCELONA 2004

José Ignacio Pichardo Galán
Universidad Autónoma de Madrid
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Han pasado sólo dos meses desde la finalización del Fórum Universal de las Culturas celebrado en Barcelona. Sin embargo, todo el eco que despertó entre medios de comunicación, patrocinadores y detractores, parece haberse desvanecido ya por completo. Desde la perspectiva de un antropólogo en esta crónica de opinión, José Ignacio Pichardo hace un resumen sobre su vivencia del Forum, como cronista de un medio de comunicación pero también como asistente, invitando a hacer una reflexión sobre "lo que quedó" de aquello.


Recinto Forum
Recinto © Fòrum Barcelona 2004/Agustí Argelich.
Del 9 de mayo al 26 de septiembre de 2004 se llevó a cabo en la ciudad de Barcelona un encuentro internacional que pretendía, combinando fiesta y reflexión, “mover el mundo”. Con tres ejes temáticos –diversidad cultural, desarrollo sostenible y paz– se llevaron a cabo en la ciudad y en el recinto específicamente creado al efecto todo tipo de espectáculos, exposiciones, conferencias y debates.

La Antropología Social estaba llamada a jugar un papel importante en este evento que hacía de la cultura su tema central. No obstante, la relación de nuestra disciplina con este acontecimiento comenzó desde el principio con mal pie, ya que los responsables del encuentro y la antropología corporativa no parecieron ponerse de acuerdo en la organización del mismo. En la declaración final del último congreso de la Federación de Asociaciones de Antropología del Estado Español (FAAEE) celebrado en Barcelona en septiembre de 2002, la antropología española expresó su “preocupación ante la posibilidad de que el Fòrum 2004 acabe deviniendo un espectáculo tan grandilocuente como vacío, al servicio de los intereses políticos y económicos de sus promotores”. Parece ser que los hechos finalmente han dado la razón a aquellos compañeros de profesión: el Fórum acabó no sólo casi vacío de contenido, sino también con mucho menos público del esperado.

La tupida red social y organizativa de la ciudad de Barcelona, acostumbrada a la participación y la movilización social, hizo que cualquier ciudadano o ciudadana medio –especialmente en Cataluña– se hiciera eco de las denuncias que presentaban este acontecimiento como un mero ejercicio de especulación inmobiliaria. En esta denuncia jugaron un papel muy importante destacados antropólogos y antropólogas de la ciudad.

En este contexto es fácil entender la reacción que generaba ante cualquier barcelonés el simple e ingenuo comentario que dejaba entrever la intención de asistir al Fórum: toda una argumentación explicativa de los motivos para no asistir al recinto (como, por ejemplo, la participación y patrocinio del mismo por parte de numerosas empresas vinculadas de un modo u otro al negocio de las armas y la guerra), acompañados de numeras direcciones web y folletos donde estos argumentos venían desarrollándose. Este afán didáctico se tornaba en miradas de desaprobación o rechazo frontal cuando el incauto forastero insistía en esgrimir su curiosidad antropológica como motivo de su interés por visitar el Fórum.

Probablemente esas mismas miradas y comentarios han llevado a mantener un “perfil bajo” a aquellos antropólogos y antropólogas que participaron en algunos de los seminarios o encuentros del Fórum –englobados bajo el término de diálogos– como ponentes; o que asistieron a los mismos como público, casi de incógnito, atraídos por el plantel de primeras figuras de las ciencias sociales que allí participaba (M. Castells, V. Shiva o J. Stiglitz entre otros).

Este cronista acudió al recinto en dos ocasiones (junio y septiembre). En la primera visita, el ambiente era tan desolador como lo presentaban sus detractores: instalaciones semivacías; empleados de la sala de acreditación de prensa que aprovechaban la visita de cualquier antropólogo inocente para matar conversando su aburrimiento confeso; ese hedor a depuradora que, efectivamente, lo invadía casi todo y, por supuesto, la evidencia de encontrarte ante una operación urbanística de primer orden en la que los edificios deslumbrantes juegan el papel de estrellas rutilantes.

Las instituciones implicadas en la organización del Fórum nunca ocultaron su intención de regenerar este área depauperada de la ciudad como uno de sus principales objetivos. Pero los colectivos vecinales y ciudadanos critican que se haya aprovechado esta transformación para construir hoteles, centros comerciales, viviendas de lujo o edificios de oficinas en lugar de equipamientos o viviendas sociales.

En septiembre acudimos de nuevo para asistir como oyentes a uno de los diálogos, llamados a ser los principales espacios de ese encuentro de culturas que pretendía ser el Fórum. Encontramos lo que ya habían avanzado los medios de comunicación: salas inmensas casi vacías de público. En 141 jornadas ha habido espacio para todo tipo experiencias en el marco de estos diálogos, algunos de ellos muy productivos para los participantes, por lo que sería injusto calificar a todos ellos de fiasco.

Las salas donde se llevaban a cabo los diálogos estaban equipadas con los medios audiovisuales y técnicos más avanzados y todo tipo de facilidades para llevar a cabo este tipo de debates; como la presencia de al menos 10 traductores de castellano, catalán, inglés, francés y lenguaje de signos o transcriptores de todas las sesiones acompañados de cámaras y técnicos.

Si bien el Fórum no ha conseguido mover el mundo, como pretendía su eslogan, lo que sí ha conseguido mover es dinero, mucho dinero: 3.000 millones de euros (500.000 millones de las antiguas pesetas, según diario El Mundo, 25.09.2004). Y uno no podía dejar de preguntarse qué hubieran hecho los movimientos sociales si les hubieran confiado siquiera una pequeña parte de ese dinero para organizar un verdadero encuentro mundial en el que discutir y presentar propuestas desde abajo. Seguramente hubiese resultado un evento mucho más austero y sostenible (antes que reciclar o reutilizar hay que reducir) y muy probablemente más diverso que el que hemos visto.

Bastaba leer los programas de los diálogos, con numerosas modificaciones de última hora ante las numerosas deserciones de ponentes, para comprobar que la cultura catalana, española, europea y occidental estaban, en este orden, sobrerepresentadas en un encuentro que se presuponía mundial, dejando quizás algo de espacio para Latinoamérica y una mera presencia testimonial de África o Asia.

De tal suerte que en uno de los diálogos al que asistimos, “Derechos humanos, necesidades emergentes y nuevos compromisos”, una mujer africana se levantó indignada para denunciar la inexistente presencia de personas africanas o de mujeres en las mesas, lo que derivó en una caracterización reduccionista, evolucionista y casi caricaturesca de la realidad africana. Lo mismo ocurrió con el Fórum Mundial de las Mujeres, criticado por los colectivos feministas de Barcelona y así sucesivamente.

La falta de diversidad no era pues, meramente geográfica, sino que también la presencia de grupos subalternos o de las periferias sociales era prácticamente nula, y cuando se daba aparecía mayoritariamente silenciada. Este hecho queda perfectamente ilustrado por la estampida que se produjo en el Fórum Urbano Mundial por parte de 120 asociaciones de todo mundo que abandonaron el encuentro para denunciar el acaparamiento de la voz, las mesas y los micrófonos por parte de los representantes del poder institucional y manifestando que en el debate se estaba hablando de los pobres sin permitirles expresarse.

Este caso ejemplifica perfectamente uno de los resultados inesperados y más positivos del acontecimiento: las 120 asociaciones que salieron del Fórum celebraron un encuentro alternativo en los locales de un sindicato en la ciudad. Es decir, la resistencia y contestación al Fórum ha propiciado la creación de importantes redes y encuentros alternativos no sólo en la ciudad, sino también a nivel internacional.
Vaso Forum
Vaso. © Fòrum Barcelona 2004/Pasqual Gòrriz

La poca asistencia de público no se debió exclusivamente a la mala prensa del evento, sino también a los altos precios de las entradas. Una política generosa de reparto de invitaciones entre diversas instituciones de la ciudad o la compra de entradas de reventa más baratas que se ofrecían por parte de particulares y empleados a precios reducidos hasta en las pantallas del metro, propició que los barceloneses y barcelonesas se lanzaran los últimos fines de semana de septiembre a visitar el recinto. Largas colas para disfrutar de las distintas exposiciones y actuaciones que, en una clave folklorista, ofrecían al espectador una muestra de la riqueza cultural del mundo.

Para concluir con un poco de cultura popular, rescatar en estas líneas el que ha constituido uno de los temas que más conversaciones y ríos de tinta han producido: el vaso del Fórum. De disseny, ¡Cómo no!, El vaso del Fórum no ha dejado indiferente a nadie, especialmente a las muchas personas a las que, a pesar de las advertencias de las personas que atendían los kioscos, se les derramaba toda su bebida encima por el pésimo diseño que dificultaba su equilibrio o su mera esencia: facilitar la ingesta de líquidos. Aún así, los que lo hemos probado no hemos podido evitar la tentación de llevarnos el vaso a casa.

El evento deja unas instalaciones magníficas para la ciudad y, ojalá, un puntito de humildad para políticos y organizadores por no haber tenido en cuenta a la gente. Para la antropología quizás haya supuesto una oportunidad perdida de acercarnos a las instancias públicas y a la sociedad, reivindicándonos como profesión y haciendo saber que no sólo existimos, sino que nos dedicamos a algo más que a la arqueología. ¿El próximo Fórum Universal de las Culturas? En Monterrey, México, el año 2007.

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