El filósofo francés Jacques Derrida, cuyo trabajo originó la escuela de deconstrucción, falleció el pasado 9 de octubre víctima de un cáncer. Con la muerte de Derrida recordamos a un filósofo de gran influencia en la disciplina antropológica. Su obra se centró en el lenguaje, al sostener que el modo tradicional de lectura produce múltiples suposiciones falsas sobre la naturaleza de los textos. Los lectores tradicionales piensan el lenguaje como capaz de expresar ideas sin cambiarlas, y conciben al autor del texto como el origen de su sentido. De ahí que Derrida propusiera el "estilo deconstructivista", negando que los textos tengan significados únicos.
Nacido en El-Biar, Argelia en 1952 comenzó su estudio de filosofía en la Escuela Normal Superior de París, donde más tarde enseño desde 1965 a 1984. Desde 1960 a 1964, Derrida enseñó en la Sorbona. Desde los comienzos de 1970 ha dividido mucho de su tiempo entre París y Estados Unidos, donde ha enseñado en universidades tales como Johns Hopkins, Yale, y la Universidad de California, en Irvine.
Su pensamiemto fue criticado con frecuencia, por considerarse destructivo de la filosofía. La deconstrucción puede ser mejor entendida como la muestra de ineludibles tensiones entre los ideales de claridad y coherencia que gobiernan la filosofía, y los inevitables defectos que acompañan su producción.
En palabras de Juan María Alponte, Derrida fue un hombre que hizo de la filosofía una vía no hacia la metafísica, sino hacia la verdad. Para Derrida, en suma, la palabra está vinculada, atada, a la verdad. De ahí el inmenso simbolismo de la "desconstrucción" y su lucha, incansable, por "construir", desde la palabra, la vida.