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REFLEJOS ETNOGRÁFICOS

Los “Señores de los ríos” y sus alianzas políticas

Francismar Alex Lopes de Carvalho
Universidade Estadual de Maringá, Paraná, Brasil.

RESUMEN

El objetivo de este texto es analizar la compleja trama de interrelaciones políticas, de guerra y de paz, entre los grupos étnicos nativos y los adventicios implicados en el movimiento de las Monzones. Para ello, utilizo, como base de mis reflexiones, un texto sobre el asalto habido en 1730 en el cual el grupo Payaguá atacó la monzón del Ouvidor Lanhas Peixoto, que conducía el quinto Real de las minas de Cuiabá a São Paulo. A través del enfoque de las interacciones y las alianzas políticas entre las poblaciones implicadas, espero explorar el potencial heurístico del concepto de frontera, revisando la noción oficial de la “conquista”.

DEBATE: PREGUNTAS DEL EDITOR – RESPUESTAS DEL AUTOR

1- Su texto es principalmente de antropología histórica, en el que, a partir de datos históricos y relatos de la época, usted analiza de forma antropológica un proceso histórico. ¿Qué diferencias encuentra usted entre el tradicional análisis histórico y la antropología histórica? ¿Qué nuevos aspectos proporciona la antropología al estudio de la historia? En su caso, su texto analiza una parte de la historia de la colonización en un nivel micro ¿Qué cree usted que su estudio – y otros similares – proporcionan para el conocimiento de esa parte de nuestra historia? ¿Cree que estos trabajos antropológicos ponen en duda las versiones oficiales de la historia de la colonia? ¿Han modificado estas historias oficiales? ¿Qué vitalidad encuentra usted a la antropología histórica dentro de la disciplina?

Agradezco la pregunta. Me gustaría enfatizar que el estructuralismo, en cuanto paradigma desvelador del mundo social, llevó ciertos problemas existentes para la Antropología y para la Historia que aun consistían, en la época, en sofisticación y profesionalización de las mencionadas disciplinas. Hoy ya son posiciones que no consiguen explicar situaciones importantes. De manera general, el estructuralismo entendía las sociedades de forma estática: las culturas eran vistas de forma homogénea, separadas unas de otras por fronteras firmes; las acciones de los individuos y de las colectividades eran consideradas secundarias con respecto a la reproducción de normas sociales, las cuales restaban a la creación del historiador o antropólogo. Mientras que los historiadores buscaban estudiar la permanencia de las estructuras sociales y mentales de larga duración, una “historia de la lentitud en la historia”, como dice Jacques Le Goff, los antropólogos aislaban al grupo étnico que pretendían analizar, separándolo de las interrelaciones con otros grupos, como si fuesen una isla aislada, de la cual le tocaría al investigador decir cuales son los “trazos culturales” significativos.

Todavía hoy hay personas que defienden estos enfoques, pero el hecho es que ellas no se paran a explicar las interacciones culturales y políticas entre las diferentes poblaciones a lo largo del proceso histórico. De ahí la importancia de algunos trabajos innovadores. Las contribuciones de Edmund Leach abrieron nuevos horizontes en el sentido de mostrar cómo los sujetos históricos utilizaban estrategias para manipular las reglas sociales, a través de un enfoque netamente “relacional” (o sea, buscando el análisis de las interrelaciones entre varias poblaciones y no el estudio de cada una aisladamente). Con todo ello, solamente con los trabajos de Fredrik Barth se consiguió que esta postura adquiriese una inflexión realmente transformadora. Barth nos hace cuestionar la noción de cultura homogénea, la idea de “una Cultura”, y propone que pensemos en las relaciones sociales a partir de la compartimentación de procesos. En este sentido, la frontera pasa a ser entendida como una zona de contacto privilegiada para percibir las interrelaciones, los intercambios, las alianzas y, sobre todo, la actuación de los mecanismos de selección de los ítems que van a componer el repertorio cultural de las poblaciones vecinas.

Los antropólogos y los historiadores tienen un amplio campo de diálogo. A partir de la postura analítica que abarca, en un primer vistazo, las reglas sociales y las estrategias individuales, cómo proponen Leach, Barth, Pierre Bourdieu y otros, es posible enfatizar una lectura procesal del mundo social. Al contrario que el inmovilismo, la pasividad y la aculturación de no pocos estructuralistas, es posible dialogar en el sentido de establecer un enfoque realmente histórico de los estudios de los grupos étnicos. Al estudiar un grupo étnico, sea un historiador o un antropólogo, ambos tienen que tener con cuenta los procesos culturales desarrollados, a lo largo del tiempo, entre la población estudiada y otras poblaciones vecinas. Los contactos, flujos e intercambios influyen decisivamente en el proceso cultural, de modo que las culturas están siempre en continuo movimiento.

En efecto, por un lado, los antropólogos tienen mucho que aportar a los historiadores: proporcionándoles propuestas teórico-metodológicas de análisis de la lógica dialéctica de las relaciones sociales entre las reglas y las estrategias, de las situaciones de frontera, del problema de la vecindad, del papel de la acción individual. Por otro lado, los historiados tienen mucho que aportar a los antropólogos en el sentido de establecer la primacía del análisis procesal, o sea, enfatizar que todo análisis de cualquier grupo étnico debe estar insertada en la perspectiva diacrónica o histórica. Semejante diálogo ha ocurrido y ha producido trabajos muy productivos, sobre todo entre los que emplean la micro-análisis o la micro-historia (Alban Bensa, Carlo Ginzburg, etc.).

Hablar de fronteras significa, también, contraponerse a la noción de frontera que es utilizada por los historiadores y antropólogos tradicionales u oficiales de la conquista de América. No quiero desmerecer el trabajo de estos intelectuales, muchos de los cuales recolectaron datos y proporcionaron interpretaciones muy valiosas. Pero no podemos aceptar una visión simplista de que la conquista de las poblaciones nativas se realizó sin que hubiera habido flujos culturales, estrategias de resistencia, alianzas políticas promovidas por ambos lados, intercambios, concesiones, contraprestaciones, etc. Como procuro demostrar en mi ensayo, la conquista de la frontera oeste de la América portuguesa demandó a los conquistadores la capacidad de negociar políticamente con las poblaciones nativas, y en muchos de los casos los grupos étnicos, que tenían sus propias alianzas e intereses, cerraron todos los caminos al blanco y se colocaron como verdaderos “señores de los ríos”, nombre por el que algunos grupos étnicos eran llamados en la época.

2- Usted emplea documentos de la época que no estaban en ningún caso pensados para que después sirvieran de material de base de para el estudio antropológico. ¿Cómo trata usted esta información? ¿Qué dificultades ha tenido para su uso? ¿En qué se diferencian estos textos de los antropológicos? Usted no puede recurrir a informantes ni “rellenar con otras fuentes” los huecos que los documentos de la época no le proporcionan ¿Cómo consigue usted solventar esta dificultad?

Agradezco la pregunta. Los relatos de viajes o, para ser más preciso, los movimiento físicos de grupos humanos por el espacio geográfico, por tiempo determinado, y la transformación de lo observado y vivido en una narrativa, no son una novedad de la Modernidad. Las narrativas que componen la Odisea, los viajes de los Argonautas, la Eneida, los relatos de Marco Polo y tantos otros, se componen de elementos épicos propios, muchos de los cuales reaparecen en los modernos relatos de viajes. La diferencia parece estar en la posibilidad misma abierta por la Modernidad: por primera vez en la historia del mundo, la multiplicidad de culturas y civilizaciones de todo el globo se toman como contemporáneas: apareció idea de la humanidad y del humanismo. En otras palabras, surgió la Historia Universal. El Nuevo Mundo emerge como un lugar privilegiado de contactos, intercambios e interacciones culturales y civilizatórias, entrelazadas por relaciones de conquista, dominación o exterminio. En estos inicios de la Modernidad, los caminos del mundo estaban aún por trazar y, a pesar de que muchos ya habían diseñado cartas de navegación y escrito itinerarios más o menos rigurosos, todos los viajeros buscaban abrir nuevos caminos, desvelar y mostrar lo conocido y lo desconocido, alcanzar la sorpresa o el deslumbramiento. Mas que nunca, es válida aquella frase de Antonio Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

Aunque no sea la intención original del autor del relato de viajes producir un texto etnográfico de la población que visitó, las experiencias de contacto, interacción e intercambio con tal población influyen decisivamente en su narrativa.

Las narrativas producidas por los viajeros exprimen la forma por la cual sus autores “delimitaran” y clasificaran la realidad que observaron y experimentaron. Las luchas entre los grupos sociales se desbardaron en luchas de representaciones. Las descripciones cotidianas de los relatos de viajes eventualmente se hace eco de esas luchas, sea para reafirmar un preconcepto, reproduciendo los estigmas que pesan en los hombres del grupo sobre el que habla, sea trascendiendo esas barreras y reencontrado la alteridad en el reconocimiento del otro con tal. Estas situaciones discurren del hecho de que las representaciones del mundo real impuestas por las colectividades nunca son apropiadas de la misma forma por todos sus integrantes. Hay una tensión entre los modos de hacer creer y las formas de la creencia. De ahí que los relatos de viajes sean textos tan fascinantes: en todo momento el viajero testa sus preconcepciones con respecto al otro, que está en todas partes, sea hombre o naturaleza, y ante esa experiencia el viajante inevitablemente se trasforma. Reafirmando sus esquemas de clasificación de lo real o revisándolos a través de la experiencia, el hecho es que el viajante dejó de ser la misma persona. Y, más allá de estas situaciones individuales, el historiador y el antropólogo pueden descubrir amplios aspectos de las culturas de las poblaciones, percibiendo los mecanismos de evaluación del otro, las interacciones interculturales, las transfiguraciones de los esquemas preexistentes, las síntesis culturales producidas y siempre en proceso. Los relatos de viajes son narrativas del propio proceso cultural.

Las poblaciones amerindias visitadas por los viajeros extranjeros durante todo el proceso colonial imprimieron sus reivindicaciones, percepciones del mundo social y estrategias políticas en los relatos de viajes. A pesar de que los relatos de viajes enfaticen, en la mayor parte de los casos, la perspectiva de dominación, en el punto de vista del conquistador, si leemos las entrelíneas de los textos, observamos las voces y, por consiguiente, las actuaciones políticas de los grupos nativos. Es necesaria la “ruptura” del documento: mostrar la pluralidad de voces que contiene. Las orientaciones metodológicas de Paul Ricoeur y Michel Foucault nos ayudan a buscar las voces y las actuaciones de los dominados que el documento oficial presenta, pero que intenta esconder. La utilización que he hecho de los relatos de viajes de João Antônio Cabral Camelo siguió esta orientación. La tónica del discurso contenido en el relato es de la narrativa de un viaje de São Paulo a Cuiabá, de las dificultades que tuvo el autor en las minas, y de su retorno aún más difícil. Profundizando en la lectura, buscando percibir las voces de los grupos étnicos locales, es posible encontrar varias referencias a la actuación de los indígenas en el sentido de una actuación política en defensa de sus territorios, las reivindicaciones, la oferta de alianzas políticas, las prácticas de pillaje, las alianzas interétnicas, los negocios realizados con el botín del pillaje, etc.

Por tanto, como no es posible viajar en el tiempo hasta el siglo XVIII y realizar un trabajo de campo entre los grupos étnico chaqueños, los relatos de los viajeros que conocieron, entraron en contacto, establecieron intercambios, alianzas, negocios y guerras con tales poblaciones me permiten, a través de una lectura dirigida de los discursos, desvelar los procesos de las relaciones interétnicas dando voz a todos los actores sociales envueltos.

Finalmente me gustaría recordar que la lectura de los relatos de los viajeros es una lectura que, con todo viaje, transforma a los sujetos, hasta el punto de avalar sus certezas y no sea más los mismos después de la experiencia. Octavio Lanni explica con más detalle esta idea de transfiguración: “A medida que viaja, el viajero se despega de sus raíces, se suela, se libera. Puede lanzarse por los caminos y por la imaginación, atravesar fronteras y disolver barreras, inventar diferencias e imaginar semejanzas. Su imaginación va lejos, se enfrenta con lo desconocido, que puede ser exótico sorprendente, maravilloso, o insólito, absurdo, aterrador. Tanto se pierde como se encuentra, al mismo tiempo que se reafirma y modifica. En el curso del viaje siempre hay algún transformación, de tal modo que aquel que parte nunca es el mismo que regresa”. (IANNI, Octávio. Enigmas da Modernidade-Mundo. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 2000. p. 31.)


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