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ESPACIO GRÁFICO


El pueblo Enxet y su territorio ancestral
(fotoreportaje)

Amadeo Velázquez
Texto de introducción: Rodrigo Villagra
Montaje de proyección: Carlos Bezos Daleske

RESUMEN

A mitad de camino entre la fotografía etnográfica y la antropología visual, el presente documento recoge los materiales enviados por el fotógrafo Amadeo Velázquez sobre el pueblo Enxet, en Paraguay, y completados en el presente texto por el antropólogo Rodrigo Villagra.

Tras el texto, el autor presenta cinco grupos de imágenes: Paisajes chaqueños, la familia y el hogar, las fiestas y el baile, viajando por el río Paraguay y marcha.

Los archivos gráficos pueden ser consultados íntegramente, por cortesía del autor, bien a través de la presente versión en html o bien mediante la descarga de la proyección en los vínculos superiores.


Introducción.
(Rodrigo Villagra)

El pueblo Enxet, parte de la familia lingüística Enlhet-Enenlhet (Kalish & Unruh, 2004), es el ocupante tradicional, libre, autónomo y previo a la colonización del Chaco por parte del Estado Paraguayo de un extenso territorio más o menos delimitado por el riacho Montelindo al Sur, el Río Paraguay al Este, el Riacho González al Norte y una línea paralela al Río Paraguay de unos 200 kilómetros aproximadamente. Esta ocupación se desarrollaba a través de una extensa red de aldeas permanentes y semi-permanentes conectadas entre si por diversos lazos de parentesco e intercambio y encabezadas por líderes que en la mayoría de los casos eran también shamanes. Diversos apelativos subdividían a los Enxet en grupos que contaban con una ubicación geográfica propia y probablemente un dialecto distintivo que no obstante no impedía el entendimiento entre los grupos. Así encontrábamos por ejemplo a los Mopay Apto hacia la zona donde hoy se encuentra la comunidad de Makxawaya, los Paseya Apto hacia los bancos del Riacho Montelindo, y a los Chanawatsan en una zona ribereña que empezaba más o menos 70 kilómetros antes del Río Paraguay.

El territorio Enxet, como muchos otros territorios Amerindios, ha sido un espacio poblado de multitud de seres con la misma intencionalidad que los seres humanos pero diferentes formas. Es decir, este es un espacio donde la división conceptual entre naturaleza y cultura, no ha sido delimitada conforme a la cosmovisión occidental, sino donde conviven seres bajo las formas vegetales, animales, humanas y/o minerales que gozan de una misma categoría ontológica, es decir, la capacidad de intencionalidad que en nuestra cultura es exclusivamente humana. Esta visión implica múltiples relaciones posibles, que no se ciñen simplemente a la relación productiva hombre-tierra, o tampoco se enmarcan en la relación más mística conservacionista hombre-medio ambiente. Esta relación era y es aún más compleja y está dotada de múltiples interacciones simbólicas. Entre ellas, los nombres de aldeas, lugares y accidentes geográficos recogen parte de esa complejidad y a su vez la historia misma de este pueblo en su tránsito y proceso de vida en su territorio.

Sin embargo, con la colonización operada por el Estado Paraguayo, en principio con la venta entre 1885-1887 de las tierras por él consideradas públicas pero no efectivamente ocupadas, y la consiguiente penetración progresiva por parte de misioneros anglicanos, ganaderos y militares, se modificó, suprimió y enajenó esta relación de los Enxet con su territorio, situándolos en un plano subalterno y marginal respecto a los nuevos ocupantes y propietarios, no sólo en términos económicos sino culturales y políticos.

Para el año 1950, prácticamente todo el territorio Enxet estaba dividido entre estancias y algunas tierras menores compradas por los anglicanos. El sistema extensivo de explotación establecido en el Chaco toleró la presencia indígena en los establecimientos ganaderos, ya sea como mano de obra barata efectiva o potencial. A pesar de la regresión demográfica sufrida por las epidemias traídas por los no indígenas, y de la condición sojuzgada de sus asentamientos, ahora sólo posibles al “amparo” de los cascos de estancias y retiros erigidos “amigablemente” en un principio por los recién llegados, los indígenas reprodujeron y traspasaron a las siguientes generaciones hasta llegar a la presente, un sin número de tradiciones, pautas de relacionamiento político, social y económico propias –como la práctica de una economía de subsistencia diversificada más sostenible en relación a otros modelos existentes- que le definen aún dentro de la sociedad nacional y global, como un pueblo y cultura distintiva y por ende con la garantía del goce de todos los derechos no sólo individuales sino colectivos que corresponden a tal condición.

Las generaciones sucedáneas de los otrora autónomos Enxet, han subsistido bajo el régimen de latifundios, empresas tanineras y misiones, bajo la categoría social de proletarios del campo, y sujetos a las contingencias productivas y de decisión de estos sectores. Sin embargo, justamente la necesidad de los patrones y misioneros de contar con un contingente cristianizable y con el conocimiento local y mano de obra indígena, permitió la continuidad de la ocupación extensa de los Enxet de su territorio, en el cual se encontraron no ya libres y autónomos, sino como peones, obrajeros y subyugados feligreses, guardando, no obstante, viva la memoria y la conciencia de sucesos, parajes y conjuros que poblaban su posesión. Esta continuidad de pertenencia explícita, a su vez, es una continuidad de identidad, definida y ligada profundamente por la relación con un hábitat propio.”

A esto agregamos que vecinos a los Enxet y sus subgrupos, coexistían los llamados Angaités (con sus propios grupos), los Sanapanás también partes del grupo Enenlhet-Enlhet, con una variación gradual étnica y lingüística más compleja de la que hoy pobre, equivoca y convencionalmente se utiliza. Otros vecinos de los Enxet, ya no tan emparentados al menos lingüísticamente fueron los Toba Qom, los Nivaclé y los Maká.

Bien avanzados hacia nuestros días, a mediados de los años 80', la Iglesia Anglicana Paraguaya inició un programa de compra de tierras para las comunidades del pueblo Enxet con quienes trabajaba –incluyendo algunas de los pueblos Angaité y Sanapaná-, a través del programa “La Herencia”, que luego se transformó en un programa de reivindicación de tierras conforme a la previa y nueva legislación paraguaya. Escindiéndose de este programa, dada la insuficiencia de la simple estrategia jurídica, surge la organización Tierraviva, apoyando a las 14 comunidades que iniciaron sus reclamos territoriales en los '90, en su organización y visibilidad ante el Estado y la sociedad paraguayos. En los últimos años, algunas de las tierras Enxet han sido restituidas y también nuevos reclamos se han sumado.

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