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Portales de múcara Portales de múcara. Una etnografía del puerto de Veracruz

Juan Antonio Flores Martos
Siena Editores
Universidad Veracruzana
2004
813 Páginas
(Contactar con el autor).

Reseña: María Elena Collado Sánchez

Esta investigación llevada a cabo por Juan Antonio Flores sobre la cultura veracruzana, es una grata travesía a través de los distintos canales que confluyen y conforman el torrente que constituye dicha cultura urbana.

El extenso bagaje del autor en los estudios de América Latina, sirve por sí solo como aval a la hora de la presentación del texto, pero aún así, vamos a adentrarnos de forma meticulosa -como ha hecho J.A. Flores-, en los entresijos de esta cultura que presenta varias y diferentes caras y que pugna por ser descubierta y descubrir a su vez.

A lo largo de sus 813 páginas el libro nos presenta de forma amena distintos aspectos importantes para el autor, y que aunque interrelacionados entre sí, merecen apartados independientes. En concreto ocho epígrafes ha señalado Flores Martos como más significativos, y a lo largo de ellos –tal es la fluidez de su escritura- sentimos cómo Veracruz nos envuelve, cómo podemos encontrarnos de pronto “dando un rol” por la plaza Mocambo ó por Avenida Independencia, casi tropezar con los “hombres del trapo rojo”, sorprendernos con el “altar de la ferretería” o disfrutar de sus carnavales. Pero también notamos la fetidez del submundo, de la corrupción, de la insalubridad de algunas zonas de la ciudad y el puerto, la miseria en definitiva que se esconde tras las puertas de esas casas construidas con piedra múcara, material cuyas características toma prestadas el autor, para presentarnos metafóricamente a la sociedad de Veracruz.

Flores Martos desmenuza la vida cotidiana veracruzana, y nos la presenta reforzada por una ingente cantidad de datos etnográficos, consecuencia de una profunda y detallada investigación. A pesar de la “voluminosidad” de la obra, se lee con mucha facilidad, engancha desde el principio, haciendo del lector personaje. Personaje veracruzano que nos enseña su forma de vida, de sentir, de creer, que se reinterpreta a si mismo constantemente, que busca en su interior los retazos de lo que es, de lo que cree ser y de lo que le gustaría ser.

Así lo hace también esta ciudad-puerto (como la denomina el autor), se reinventa a sí misma, se nos ofrece de mil maneras, porque de mil maneras quiere ser conocida.

Juan Antonio Flores nos la descubre, de una forma que podríamos catalogar entre académica e intimista, de gran sutileza en los detalles, de riguroso trabajo antropológico y amplio conocimiento de los mundos que está investigando. Creo que pocas cosas pasan por alto a su observación, recorre todos los aspectos que nos pueden ser de interés para conocer y comprender: su trabajo en la calle, en las casas que nos describe con todo lujo de detalles, con apuntes realmente interesantes que hacen que la lectura de su obra pueda considerarse entretenida e instructiva a la vez.

Por supuesto, no se queda el autor en lo superficial e incluso lo anecdótico. Nos muestra a los protagonistas tal como son, de forma descarnada a veces, con sus grandezas y sus miserias, con sus debilidades y también con sus grandes virtudes y su manera peculiar de enfrentarse a la vida. Desde la fiesta con sus carnavales, el travestismo, la intensa vida pública, los clubes, el control político y social, las diferencias de hecho y de derecho, la estructura urbanística, sus relaciones con “el otro”, hasta lo oculto, lo espiritual, la religión o lo pagano. Todos son aspectos que toca J.A.Flores en profundidad para presentarnos una sociedad y una cultura, la veracruzana, que ha sido unas de las grandes olvidadas en los senderos antropológicos, y que gracias a J.A. Flores Martos, podemos disfrutar en toda su inmensidad.


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