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España: 'Revista de Occidente' dedica un monográfico a Julio Caro Baroja



Fuente: Diariovasco.com. (15-03-2006). Félix Maraña

La Revista de Occidente, fundada en 1923 por José Ortega y Gasset, dedica en su último número un monográfico al antropólogo vasco Julio Caro Baroja (1914-1995), acercándose a la obra y memoria del intelectual, a propósito del décimo aniversario su fallecimiento y entierro en Vera de Bidasoa. La revista, en la que colaboró desde muy joven Caro Baroja, continúa de este modo la estima y consideración que el filósofo que la fundó dedicó siempre al autor de "Las brujas y su mundo". En el monográfico que ahora ofrece destaca el trabajo del profesor Francisco Castilla Urbano, en el que analiza las relaciones de amistad, magisterio e incluso discrepancia científica establecida entre José Miguel Barandiaran y Caro Baroja.

Bajo el título de Julio Caro Baroja, el sabio escéptico, Revista de Occidente (núm. 295) publica cuatro ensayos, debidos a estudiosos de su obra, Joaquín Álvarez Barrientos, comisario de la exposición reciente que se pudo contemplar en el Centro Conde Duque de Madrid, Antonio Morales Moya, Manuel Gutiérrez Estévez, ambos autores de estudios antropológicos de excelencia a lo largo del tiempo, y Francisco Castilla Urbano, autor de uno de los libros más profundos que se hayan hecho en relación con el personaje: Julio Caro Baroja: empirismo y subjetividad.

Castilla resalta en su estudio cómo Caro Baroja celebró siempre el magisterio de Barandiaran, desde que inició su primer contacto en las investigaciones de Carranza (Vizcaya), al cumplir los dieciséis años. Fue su tío, el novelista Pío Baroja quien le pidió a Barandiaran que acogiera al joven antropólogo, quien siempre celebró haber tenido la oportunidad de encontrarse con Barandiaran, Aranzadi y Eguren. Como resaltó en Los Baroja (1972), «en una cueva paleolítica de Vizcaya y de boca de un sacerdote católico vasco salía más materia universitaria que de las aulas madrileñas».

Caro había estudiado en la Universidad Central y en su experiencia con Barandiarán aprendió las «ideas muy claras y exactas sobre el método histórico-cultural», sobre Malinowski, «sobre la idea de Dios entre los primitivos, acerca del pensamiento de Durkheim o de Wundt». Pero el mayor beneficio que recibió el joven investigador de Barandiaran fue la confirmación de la investigación concreta, que abrió su vocación a tantos horizontes. Castilla analiza a su vez los resultados de las investigaciones, resaltando la visión que tenía Barandiaran del País Vasco como un ente uniforme en el tiempo, mientras que Caro señala en la formación histórica elementos variables y dinámicos.

Castilla considera que esa diferencia en la concepción de la historia en nada empañó su consideración mutua. Caro dejó muestras de ello a lo largo del tiempo, como escribió para el libro de la Academia Errante sobre Barandiarán en 1963: «En todo caso creo que, nosotros, los que vivimos en el País Vasco desde hace muchos años ya, hemos recogido (o hemos podido recoger) del hecho de habitar en él, una peculiar esencia poética y creo también que la persona a la que las generaciones futuras deberán mirar para saber cuál ha sido esta esencia es don José Miguel de Barandiarán, ni más ni menos». Barandiaran reconocerá a su vez sobre Caro Baroja (1983): «Sus principios fueron conmigo, pero me ha sobrepasado de forma vertiginosa. Su actividad es asombrosa y su obra, extensa como la de muy pocos. En el País Vasco se le aprecia muchísimo y ésa es la mejor justicia que se le puede hacer, porque difícilmente se encontrará a nadie que no esté de acuerdo con lo que ha escrito y publicado».

Revista de Occidente, además de contar con Caro Baroja durante medio siglo como uno de sus principales colaboradores y mentores, y recoger sus ensayos periódicamente, dedicó a su vez a la muerte del antropólogo un extenso monográfico en 1996 (núm. 184), como homenaje a sabio desaparecido. El conjunto de aquel volumen, que se encabeza en portada con un dibujo del propio Caro Baroja, supone en su conjunto una de las aportaciones más sólidas para el acercamiento a la personalidad científica y humana del antropólogo





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