NÚMERO 7. MARZO 2001.
BOLETÍN DE ANTROPOLOGÍA IBEROAMERICANA

Últimas noticias sobre convocatorias, congresos y eventos de interés para antropólogos iberoamericanos.


Publicado en la revista Antrópolis. La Paz - Bolivia, Marzo 2001

EL COMPUTADOR ES LA RED

Sergio López

Inauguramos la sección sobre antropología e Internet bajo un título que, si bien puede incitarnos a pensar en un planteamiento teórico, o una hipótesis de partida para el inicio de una reflexión ensayística, en realidad hace referencia a un simple pero práctico lema publicitario.

La frase que figura en nuestra cabecera fue enunciada hace 19 años para servir de eslogan comercial a la multinacional estadounidense Sun Microsystems. Dicha empresa (además de ser una de las compañías pioneras en descubrir el gran valor añadido de los antropólogos como directores de venta), es la primera firma productora de servidores de Internet a nivel mundial, además de ser la creadora y desarrolladora del lenguaje Java, la implantadora de múltiples estándares a nivel informático y sobre todo la única empresa que actualmente puede presumir de quitarle el sueño al imperio técnico y económico de Microsoft Corporation.

Y es que el mundo de Internet –y el de la informática en general- se ha caracterizado desde sus orígenes por ser el escenario de una incansable lucha por el poder económico entre grandes empresas. Esto no presenta demasiada novedad, pero cobra especial relevancia si establecemos una reflexión comparativa con otros aspectos históricos de la sociedad humana.

En 1994 Umberto Eco comparaba la separación entre el MS-DOS y el Macintosh con la división existente en el Cristianismo entre protestantes y católicos (revista Espresso, 30 de Septiembre de 1994, puede leerse también –en inglés- en http://www.well.com/user/cynsa/engine.html ) Al margen de la curiosidad e ironía de este planteamiento, nos encontrábamos ante un claro signo de la creciente importancia que –no sabemos aún si como medio, como fin o ambas cosas- la informática iba ganando en el mundo académico de las humanidades, así como en el estudio de nuestra propia historia en general.

Ahora bien, Umberto Eco pudo haber señalado también que, así como la división entre católicos y protestantes tuvo especial relevancia histórica en Europa durante más de cuatro siglos; la división entre el MS-DOS y el Macintosh sólo la estuvo teniendo durante algo más de una década. Además, no sólo la tuvo en Europa sino en todo el mundo. En el campo cibernético, las guerras, nuevas formas de lucha y acontecimientos en general; se suceden por una parte a una extraordinaria velocidad (en términos de tiempo) y abarcan una amplia influencia por la otra (en términos de espacio).

Precisamente por eso la guerra entre las "religiones" de MS-DOS y Macintosh se vio pronto sustituida en el mundo de la informática por otra más importante que trasladaba el campo de batalla desde los domicilios particulares de nuestras ciudades modernas hacia un nuevo espacio virtual que se expandía como una mancha de aceite: Internet. En este caso, los protagonistas de esa "segunda guerra mundial", fueron los dos programas de navegación más utilizados: Explorer contra Netscape.

Si realizamos la distinción entre vencedores y vencidos, hay que afirmar que Microsoft, como portador de las banderas del sistema MS-DOS (soporte del entorno Windows 3.1 y anteriores) y del navegador Explorer; ha salido victorioso en dichas disputas (si bien se podría afirmar que aún no ha ganado la guerra final). En el primer caso lo pudimos comprobar por la adquisición de buena parte del accionariado de Macintosh, y en el segundo porque dicha circunstancia le sirvió para entrar a nivel doméstico en todos los hogares mundiales que –utilizando las sucesivas versiones de Windows desde 1995- instalaban de forma "gratuita" el programa Explorer.

Sin embargo, podemos afirmar que el escenario de esta guerra está pasando de moda. La lucha por el poder ya no se centra en lo que es Internet como red o conjunto de nodos autónomos, sino más bien en su visión como un todo. Hoy podemos concebir la red de redes como un gigantesco ordenador personal al que todos podemos conectarnos. Si damos un paso más, incluso lo podemos comparar como un único sistema nervioso que despliega sus extensiones neuronales hasta llegar a cada uno de nosotros.

Si imaginamos la posibilidad de que la red esté funcionando como un todo, como un cuerpo único más que como una suma de elementos separados, las luchas de poder que allí se desarrollen tendrán que basarse en nuevos conceptos. Por eso, parece algo premonitorio afirmar que El computador es la red. Sin duda alguna, por mucho que hayan pasado los años por él, este lema comercial de Sun Microsystems gana cada vez más legitimidad (de la misma forma que sus accionistas ganan cada vez más dividendos desde su creación en 1982).

El enigma ahora está en descubrir dónde residirá en el futuro el ejercicio del poder en Internet. Para ello, tendríamos que pensar en responder algunas de las siguientes cuestiones ¿Cuál es el sistema operativo que guía a ese computador gigante?¿Quién determina lo que podremos ver en él?¿Cómo se pueden crear estándares de comportamiento para su uso? Preguntas como estas llevan haciéndoselas las empresas multinacionales de la informática desde hace ya más de veinte años. Ahora bien, ¿Es imprescindible ser especialista en computación para responderlas? Sin darnos cuenta, puede que nuestra disciplina antropológica haya trabajado sobre ellas desde hace décadas o incluso siglos: Si las nuevas tecnologías están abriéndose tanto camino en nuestra vida, el problema del que hablamos está en buscar los estándares de la cultura moderna y sus tendencias.


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