IDENTIDAD, CUERPO, EXCLUSIÓN Y GAYS



José Ignacio Pichardo Galán.

Introducción

El presente artículo se origina a raíz del trabajo realizado durante los primeros meses del año 2001 en un Colectivo de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales de Madrid (España). El trabajo consistió en analizar la problemática específica, identidad y estilos de vida de un grupo de gays varones de más de 30 años que se reúnen para realizar diversas actividades todos los viernes.

En este tiempo pude comprobar cómo buena parte de ellos se sentían, en cierto modo, incómodos o fuera de lugar en lo que se viene conociendo como el ambiente, es decir, el conjunto de locales, bares, calles y lugares de encuentro y ocio frecuentado mayoritariamente por gays y lesbianas. Este espacio se identifica hoy en la ciudad de Madrid fundamentalmente con el barrio de Chueca y alrededores.

Después de recoger información diversa en el citado colectivo; analizar los comentarios que fueron surgiendo durante algunas de las actividades y los resultados de entrevistas en profundidad; observar las actitudes corporales y la moda existente en este entorno y examinar la literatura existente al respecto, llegué al convencimiento de que el cuerpo se constituye en un elemento central en la construcción de la identidad gay. Es más, se convierte en un instrumento de pertenencia y aceptación por parte del grupo o, en su defecto, de exclusión.

Antes de entrar directamente en la relación del cuerpo y los gays me ha parecido necesario hacer un pequeño recorrido por el término homosexual, la identidad gay central y ver la importancia del cuerpo y la imagen en esta identidad. Tras el marco teórico ofrezco unas pinceladas extraídas del trabajo de campo con el fin de ilustrar lo que se expone en este marco teórico.

MARCO TEÓRICO

Homosexualidad

Para Alberto Mira 1 este concepto “parece referirse” a “el deseo y las relaciones sexuales entre individuos del mismo sexo”. El término homosexualidad pertenece a ese grupo de palabras cuyos significados no son unívocos o fijos, sino que lo subjetivo o ideológico contribuyen a darle un sentido determinado: para unos es un acto o conjunto de actos, para otros una identidad social o cultural, para otros una enfermedad, para otros un deseo, para otros un pecado...

Mira piensa que no sólo el concepto, sino también esas realidades a las que parece referirse, han sido siempre parte de una estrategia de demarcación de fronteras y marginación de la diferencia. Se trataría así de una palabra creada desde una perspectiva heterosexista, con el afán de nombrar algo, cuando otros muchos rasgos de la personalidad no reciben ni atención ni etiqueta, y de este modo se crea una otredad con la que un nosotros rechaza cualquier identificación. La homosexualidad se construiría como una identidad cuyo fin sería el de reforzar por oposición un modelo: el de la familia heterosexual supuestamente monógama con fines pro creativos.

Además -indica- no se puede hablar de homosexualidad, sino de homosexualidades, ya que (repasando las manifestaciones del amor o deseo entre individuos del mismo sexo) podríamos ver distintos modelos que se identificarían en cierto sentido con el concepto de homosexualidad, aunque no se puede hacer una identificación absoluta entre cualquiera de ellos: homosexualidad ritual en Melanesia y otras culturas, la pederastia griega, la sodomía en la edad media, el travestismo, el modelo patológico de fines del XIX que considera la homosexualidad como una enfermedad y que perdura en cierto modo hasta nuestros días...

Todos estos modelos enfatizan la marginación, la trasgresión y la condena. En los sesenta surge (principalmente en los países anglosajones) el modelo gay, que supone una definición afirmativa de la homosexualidad. La homosexualidad dice “yo” sin máscaras ni rodeos y se introduce y apropia del concepto de identidad. Hasta ese momento, el rol se definía según un sistema de coordenadas masculino-femenino, los gays defienden un rol que va más allá de ambos y no depende necesariamente de éstos: ser gay es un modo de ser en el mundo legítimo en sí mismo.

El modelo gay se ve contestado en los 90 por el movimiento queer, que cuestiona la posibilidad de una identidad social estable basada en ese deseo entre personas del mismo sexo. Este modelo se basa en su capacidad de oponerse a cualquier fijación de la identidad y por tanto en la trasgresión (en cuanto a prácticas, deseos o roles).

Identidad

Oscar Guasch2 comienza su artículo Minoría Social y sexo disidente: de la práctica sexual a la subcultura, con la siguiente aseveración: “Las relaciones sexuales entre varones son unas prácticas sociales en torno a las que se ha construido un estilo de vida primero y una subcultura después”. El mayor logro social de estas prácticas sería para él, el haber configurado una identidad social específica que ofrecer a sus practicantes: la identidad gay.

Él utiliza el concepto de subcultura como aquel que nombra intersubjetividades no exóticas, contraponiéndolo al concepto antropológico de cultura que se aplica a las sociedades exóticas. Además el concepto de subcultura sería un sistema de valores que siendo parte de otro más amplio y central, ha cristalizado aparte. Por su parte otro antropólogo, Alberto Cardín3, defenderá la teoría de que la cultura gay es la única subcultura presente en la aldea-mundo-occidental y la única que presenta un carácter de globalidad comparable.

Al hablar de identidad gay es muy interesante la propuesta que hace Oscar Guash en otro de sus libros: La Sociedad Rosa3. Guasch nos muestra un proceso por el cual, durante los últimos años de la dictadura franquista en España, se da una disolución entre país real y país oficial. Así, mientras el régimen dictatorial trataba de mantener una moral de posguerra, la sociedad española muestra una importante tolerancia frente a los comportamientos sexuales. Esta tolerancia se restringe únicamente a los comportamientos heterosexuales, ya que en el caso de los homosexuales se mantendrán fuertemente estigmatizados.

En los finales de los 70 y, sobre todo en los 80 y 90, se da una transición homosexual que supone:

  • la redefinición de lo homosexual
  • cambios en la percepción de la homosexualidad
  • variaciones en las concepciones que los/las homosexuales tienen de si mismos/as.
  • cambios en su estilo de vida y en sus costumbres sexuales.

Se pasa así de lo que él denomina modelo pre-gay al modelo gay.

Modelo pre-gay

La homosexualidad se construye a partir de la perspectiva heterosexual, en la que se identifica la homosexualidad masculina con lo femenino. El marica cumple una función social para el hombre heterosexual. Las identidades se construyen por afirmación, pero también por negación: para el varón heterosexual el marica es un punto de referencia para fijar los rasgos viriles. El homosexual afeminado renuncia a los roles socialmente indicados para el varón y logra de este modo reducir la presión social que el entorno ejerce sobre él. Ésta homosexualidad no implica agresión, porque la misma imagen del marica revela su condición y hace estar prevenido ante él. En este sentido, la pluma (amaneramiento) reproduce en cierto modo el estereotipo heterosexual del marica: gesto, pose y compostura afectados.

El problema surge con los homosexuales que no renuncian a los roles masculinos. La homosexualidad viril en este modelo se sitúa en lo indefinible, porque contradice los códigos culturales de categorización y “lo indefinible, lo que está en los límites, produce temor”. 5.

Son muy importantes también los códigos propios para reconocer y ser reconocidos sólo por los miembros del grupo. Las pautas para reconocer a los iguales se basan en tres variables: el contexto, la apariencia y la actitud. Los encuentros se suelen dar en marginalidad espacial y temporal (lugares apartados, como playas por ejemplo, y horas intempestivas), pero también la centralidad (estaciones de trenes, horas punta en el metro).

En cualquier caso Guasch nos recuerda que no fue fácil ser homosexual bajo la dictadura franquista.

Modelo gay

Se construye la identidad por parte de los propios homosexuales tomando como referente el modelo masculino – viril (por ejemplo: cueros, bigotes, músculos...). No es un modelo creado desde fuera por los heterosexuales. Los homosexuales dicen ahora llamarse gays y construyen su propia identidad como una alternativa válida a la heterosexualidad común. Llegando incluso a afirmar “ser gay no sólo es bueno, ser gay es mejor”6.

Se plantean las reivindicaciones en la calle, se busca la visibilidad, que da el paso de la practica sexual entre hombres del mismo sexo a la creación de una identidad gay. En cualquier caso este nuevo modelo es de origen anglosajón y se caracteriza por la institucionalización del universo homosexual. Es pues un modelo importado, que no llega de la mano de los movimientos políticos gays, sino por canales privados: son los empresarios/as los que reproducen las instituciones homosexuales ya presentes en otros países. Estas instituciones son básicamente tres: las saunas, los bares y las discotecas.

De este modo se da una institucionalización incluso espacial, que lleva al extremo de la creación de barrios o guetos gays, con fronteras bien definidas, al estilo de otras ciudades europeas y estadounidenses. Leer los textos escritos a principios de los 90 con la perspectiva que nos da hoy el tiempo nos confirma la visión de que en España se ha producido el mismo proceso que marcan esos textos, pero de un modo acelerado, en los años 96-98. Hoy día podemos hablar de un gueto o barrio gay en ciudades como Madrid o Barcelona, con locales con banderas de arco iris (símbolo gay por excelencia) bien visibles en sus puertas, grandes ventanales que dejan ver lo que ocurre al interio, bares, restaurantes, floristerías, tiendas de ropa, librerías, centros sociales, asociaciones, etc... todo ello para gays y, en algunos casos, para lesbianas.

Aliaga7 propone medir el nivel de concienciación por la participación en las manifestaciones del 28 de Junio (día del Orgullo Gay) y llega a la siguiente conclusión: “si se la compara con los países anglosajones las diferencias son abrumadoras”. Hoy día, aunque se esté lejos del medio millón de manifestantes en París o del millón de Nueva York, podemos ver que la progresión ha sido imparable: en la manifestación en Madrid del año 2001 participaron 150.000 personas, mientras un pocos años antes (1995) apenas participaron 5.000 personas, por cierto, el mismo número que a finales del los 70.8

En cualquier caso y, tal y como Guasch señalaba en su libro, el paso de un modelo dominante a otro ha sido gradual, y no se puede decir que desaparezcan de un día para otro las características de un modelo y se implanten de repente las del otro. Se van produciendo pequeños cambios, grupos que conviven: unos más cercanos al modelo pre-gay, otros al modelo gay. Nuevos modelos y alternativas que van surgiendo, movimientos de resistencia... Así por ejemplo, en el nuevo contexto, el ligue callejero deja de ser central, pero sigue existiendo y siendo quizás el único para mucha gente.

Habría pues una serie de identidades que conviven en el momento actual y que se podrían expresar, más o menos, según el gráfico adjunto.esquema

Se establece una separación básica, a nivel de identidad, entre lo heterosexual y el mundo homosexual. Una separación que a mi entender se va diluyendo cada día más y que quizás más adelante, hoy en día no, a lo mejor carece de sentido. Tal y como hemos señalado anteriormente, los dos modelos básicos serían el pre-gay y el gay. El primero viene del mundo heterosexual, pero los homosexuales se apropian de él y lo modifican, sigue presente como una base sobre la que se construyen las demás identidades. El modelo gay es hegemónico, creado por los propios homosexuales y el que estos han devuelto a la sociedad, que hoy maneja esas dos concepciones principales de ser homosexual (pre-gay y gay).

Frente a estos modelos surgen muchos más, llegando incluso a las identidades personales. Hay algunos importados, como los bears (osos = gorditos y peludos), los leather (cuero)... y otros propios como, por ejemplo, la peineta (folklorismo). Además, hay muchas personas que mantienen relaciones homosexuales y no se sienten identificadas con estos modelos, bien porque se mantienen en el “armario” (no se asumen como homosexuales y/o no lo expresan en su entorno), o bien porque siguen con unos estilos de vida, modas, etc consideradas “normales” en la sociedad heterosexual. Es decir, que el mantener relaciones con otros hombres no genera para muchas personas necesariamente una identidad particular. De hecho, la mayoría de las personas que mantienen relaciones con personas de su mismo sexo no son particularmente diferentes del resto.

También hay que señalar que, incluso en Madrid, nos encontramos con propuestas y locales diferentes, que no se encuentran en Chueca sino, por ejemplo, en Las Vistillas, barrios de la periferia, e incluso existe un barrio se perfila como barrio gay alternativo: Lavapiés, donde se pueden encontrar algún local para lesbianas y varios (9 ó 10) locales para gays que presumen precisamente de ser alternativos. Estos espacios se dan en convivencia con otras comunidades que buscan también su lugar en la ciudad (inmigrantes, por ejemplo). Los gays que acuden a esta zona buscan precios más asequibles (Chueca es caro), nuevas formas de vestir, divertirse y un ambiente menos rígido.

Es muy importante señalar que todos estos modelos interaccionan entre sí y se retroalimentan. No cabe duda de que el mundo gay ofrece una nueva imagen de los homosexuales a la sociedad y ésta se la devuelve reelaborada al tiempo que se apropia de algunos de sus elementos.

En cualquier caso, hoy en día parece que se impone el modelo gay, que implica una serie de valores, de sentidos, que forma parte del discurso oficial que dan los medios y revistas gays (Shangay Express, Zero, Odisea...), pero también los heterosexuales (como por ejemplo la televisión o los periódicos de información general), el que llega desde asociaciones y colectivos, por el ambiente de Chueca. Es un discurso con el que un gay, le guste o no, debe relacionarse y, lo que es peor, un discurso que le puede hacer sentir dentro o fuera, incluido o excluido, con posibilidades de mantener relaciones de amistad y/o sexuales o “no comerse una rosca...”

Como hemos señalado, frente a este discurso oficial gay hay alternativas y residencias, pero es el predominante, por eso vamos a estudiar lo que significa esta Identidad Gay Central en los próximos epígrafes.

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