AIBR. Nº28 Marzo, 2003
ANTROPOLOGÍA Y MUJER

Claudia Nancy Quiceno
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Artículo publicado por la Revista de Humanidades Liceus, Nº1 -Marzo 2002

El papel actual de la mujer en gran parte de las culturas ha cambiado progresivamente y en muchas sociedades se ha logrado la igualdad legal en los derechos con el hombre. Pero esto no es sinónimo de una comprensión real sobre este hecho, ni tampoco del reconocimiento integral de lo que implica, porque a pesar de los grandes avances conseguidos, se siguen cometiendo actos de injusticia contra las mujeres en las diferentes culturas. Dentro de este panorama el estudio de la mujer a partir de la antropología tiene una historia muy reciente, pues se ha comenzado a hacer investigación sobre ello desde hace tan sólo tres décadas, gracias a la lucha del movimiento feminista y a los espacios ganados en el ámbito político y académico desde los años 60. Hay numerosas incógnitas en la corta historia de los estudios sobre la mujer y todavía mucho trabajo por realizar. La causa principal parte de un hecho determinante: la antropología ha sido siempre masculina.


Contexto histórico

Saber el cómo y el cuándo los hombres empezaron a atribuirse el poder sobre las mujeres es una incógnita que han llamado la atención de las investigadoras feministas. Las crónicas, los documentos históricos y los estudios sobre este tema no han logrado desvelar cuál fue la causa de una situación que ha perdurado por siglos, y que aún hoy sigue vigente en la mayoría de las sociedades.

Aunque esta pregunta no tenga una respuesta concreta, en la mayoría de las leyendas y mitos recogidos de la cosmovisión de los diferentes grupos humanos, se puede encontrar la presencia femenina como parte fundamental de la cultura material y de los sistemas de producción social. Por ejemplo, en culturas de habla hispana, denominaciones y aspectos recurrentes, tales como "la madre tierra", "la madre patria", "la fertilidad", "la siembra", "la cosecha", "la luna" o "las fiestas" son, entre otros, elementos que conforman lo femenino; no sólo desde el punto de vista simbólico, con el enriquecedor contenido que algunas de estas expresiones encierran, sino también en la práctica de lo cotidiano.

La mujer ha constituido siempre una parte determinante que sustenta el tejido social en todas las culturas y ha tomado forma como elemento ineludible de la mayor parte de los parámetros y referencias en el ámbito social, como productora y como reproductora. Sin embargo, dicho protagonismo no ha sido argumento suficiente para provocar a lo largo de la historia un reconocimiento explícito con respecto al hombre, en la igualdad de derechos legales, de representatividad dentro de las instituciones establecidas o simplemente de reconocimiento social en cada uno de los núcleos donde se encuentra. Al contrario, se pueden ponderar teorías que han sustentado la subordinación de la mujer, como algo "natural" y que ha existido siempre. En este sentido cabe resaltar que la historia ha sido escrita por hombres, para hombres y en un mundo de hombres, donde lo femenino siempre estuvo oculto. Prueba de esto fue, en la sociedad occidental, el derecho negado a la mujer de aprender a leer y escribir durante siglos.

Existen varios tipos de culturas donde la mujer pudo haber tenido más o menos un papel de paridad o incluso de predominancia política. Sin embargo en muchos casos estudiados se pudo observar que esta situación cambió a raíz de las políticas impuestas por la dominación colonialista. Como ejemplo, se puede mencionar las islas Cook, donde las mujeres fueron tradicionalmente activas en la política, llegando incluso a gobernar sus pueblos. En algunas zonas del África occidental existieron, hasta la colonización, pueblos en los que las mujeres ocuparon cargos de poder y políticos, donde eran independientes y respetadas y no se daba importancia a su virginidad. (Díez, C., Rosalía)

Los movimientos feministas y el contexto actual

En la sociedad occidental, el arte, la arquitectura, la literatura, el gobierno, la música, la ciencia y todas las áreas de conocimiento estuvieron vetados durante siglos a las mujeres. Únicamente se observan algunos casos, a partir del siglo XIV, de algunas mujeres que buscaron salir del anonimato impuesto a través de las letras, pero que no lograron el impacto deseado. El contexto del momento y la correlación de fuerzas de la época no permitieron otra opción que la clandestinidad. Entre estos casos se puede mencionar, el de Christine de Pisan (1364-aprox.1430) autora de "Le Livre de la Cité des Dames" (El libro de la Ciudad de las Mujeres), considerado como el primer tratado feminista europeo.

Sólo hasta el siglo XIX se empezó a gestar una lucha que posibilitó ganar un mayor espacio en estas áreas de conocimiento, exclusivo hasta ese momento para los hombres. Sin embargo, cabe resaltar el importante papel que jugó la revolución industrial en estos cambios, provocando en determinadas zonas la ruptura del modelo doméstico tradicional y abriendo camino para que las mujeres formasen parte del engranaje productivo. El paradigma establecido sobre la no-participación de la mujer en lo público comenzó a transformarse.

Los movimientos feministas del siglo XX, tomaron mayor fuerza política y académica en la búsqueda por la liberación de la mujer. Escritoras, entre las cuales se encuentra Simone de Beauvior se convirtieron en un modelo de lucha para las feministas más radicales. De Beauvior, a través de su libro "El segundo sexo", hizo un análisis de la situación de las mujeres y realizó una denuncia sobre la opresión que el hombre ejercía sobre la mujer. Ella era partidaria de un feminismo radical, pero no contra los hombres, sino contra el machismo.

Hay otras vertientes feministas con diversos fundamentos que se fueron instituyendo a lo largo del siglo. Desde el llamado feminismo cultural, que es una reacción sobre el patriarcado sustentado culturalmente en aspectos tales como la prostitución, la pornografía y el matrimonio, hasta el feminismo ecopacifista, apoyado sobre el rescate de la tierra de una degradación provocada por una sociedad con predominancia masculina.

En un aspecto más extremo se encuentra el feminismo lésbico. Esta tendencia mucho más radical busca el origen del poder que ejerce el hombre sobre la mujer en una dependencia afectiva y/o conyugal de esta con el varón. De esta forma, si se logra romper dicha dependencia, se elimina el origen de dicho poder. Al respecto se pueden mencionar obras como "La herejía Lesbiana" de Shelia Jeffreys

Estos y otros movimientos han tomado fuerza a partir de los años 60. Sin embargo, la realidad demuestra que sus logros son incipientes con relación a muchas sociedades actuales, en donde la cultura -a través de la tradición-, legitima la desigualdad entre hombres y mujeres. En numerosos países la violación de los derechos fundamentales hacia la mujer se toma como algo "natural" por parte de algunos gobiernos extremistas, que ven en su subyugación el "mantenimiento puro de la cultura", instituyéndose en la sociedad una misoginia colectiva hacia todo lo que represente lo femenino. Hoy existen muchas culturas donde la mujer no tiene prácticamente ningún derecho. Las circunstancias que originaron en su día la denuncia de la situación en los diversos grupos de Afganistán no son más que la punta del iceberg de muchos contextos similares en pueblos y culturas de países como la India, Etiopía, el Congo o China, por citar algunos casos.

Si bien en la sociedad occidental se han logrado importantes avances en las problemáticas que afectan a las mujeres -gracias, por ejemplo al apoyo de los movimientos feministas- todavía se siguen presentando casos que muestran la gran desigualdad existente, lo que refleja que esta lucha tiene aún mucho camino por recorrer. La propia sociedad occidental está compuesta por un escenario donde la participación de la mujer en el ámbito público es mínima, la desigualdad de sueldos es alta y aspectos tales como la violencia intra familiar se muestran de forma peligrosamente habitual.

COMPOSICIÓN DEL PARLAMENTO EUROPEO POR GRUPOS POLÍTICOS.1999-2004

Y PARLAMENTO ESPAÑOL POR GÉNERO 2000-2004

 

 

Grupo político

MUJERES

HOMBRES

%MUJERES

Grupo del Partido Popular Europeo

62

170

26,7

 

 

 

 

Grupo del Partido Socialista Europeo

69

112

38,1

Grupo del Partido Europeo de los Liberales, Demócratas y Reformistas

17

35

32,7

Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea

19

26

42,2

Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica

16

27

37,2

Grupo Unión por la Europa de las Naciones

4

18

18,2

Grupo por la Europa de las Democracias y las Diferencias

3

15

16,7

Otros

5

28

15,2

TOTAL PARLAMENTO EUROPEO

195

431

31,2

PARLAMENTO ESPAÑOL

103

247

29,4

FUENTE: Base de datos del Congreso de los diputados, 2001.

INDICADORES SOCIOLABORALES DE GÉNERO EN ESPAÑA

Tasa de Actividad*

Hombres

63,8

Mujeres

39,7

Tasa de Paro**

Hombres

9,0

Mujeres

18,9

Diferencial salarial de la mujer***

 75,4

*Cociente entre activos y la población de 16 y más años por 100
**Cociente entre parados y activos por 100
***Porcentaje de la ganancia media mensual de las mujeres sobre los hombres que recoge todas las ramas de Actividad y categorías.
Fuente: Boletín número 26 del Gabinete de Estudios del Consejo Económico y Social. Noviembre 2001

En países menos desarrollados, donde la injusticia social y las desigualdades tienen niveles muy altos, se puede observar cómo la mujer sufre más la pobreza que el hombre. Las tradiciones culturales en países que practican la ablación genital (ejercida por las mujeres ancianas de los grupos), la selección sexual, el nulo reconocimiento a sus derechos mínimos de atención médica y de educación, y toda clase de maltratos contra lo que represente el mundo femenino, son entre otros, muchos de los problemas a los que las mujeres han estado sometidas durante siglos. Estos maltratos siguen coexistiendo como una más de las variables que marcan la asimetría entre los pueblos. (1)

La depuración étnica en muchos países tiene un alto porcentaje de vejaciones contra las mujeres, dado que en ellas se sustenta la reproducción, y por ello la del enemigo a "depurar". Millones de mujeres han muerto a raíz de enfrentamientos y guerras por las llamadas "limpiezas étnicas".

En medio de este complejo panorama sociocultural, entran en juego la tradición y la educación, dos realidades fundamentales, a través de las cuales se ha fomentado la desigualdad entre los géneros, y es precisamente en manos de las mujeres donde ha descansado la socialización que reproduce la dominación del hombre hacia la mujer y la sumisión de esta hacia ellos. Sin embargo, este escenario es mucho más ambiguo y complicado de lo que parece, en tanto que, observarlos sin tener en cuenta las reglas que subyacen y le dan vida a estos comportamientos, así como las tramas simbólicas que los sustentan, es dejar por fuera el camino hacia posibles respuestas.

El compromiso que tiene la antropología en asuntos de género es determinante, si se parte de la premisa de que el conocimiento humano debe buscar respuestas para la comprensión de estas desigualdades. Lograr identificar las causas, implica esclarecer las estructuras de significación que conectan todo el proceso desde el conjunto de los factores involucrados hasta el establecimiento de un patrón de conducta.

Los hechos son realidades contradictorias en la medida en que caben dentro de algo definido, y a su vez, dentro de lo etéreo, porque se dan en el plano de las acciones humanas, y aquí cada uno de los actos revela la complejidad de la cultura que los sustenta. Sustituir este hecho implica tener una mayor compresión del mundo y de las relaciones entre mujeres y hombres.

Las políticas de actuación deben entrar en la construcción de nuevos paradigmas de y para la educación, que permitan una mayor expresión de los hombres rompiendo sus propios esquemas machistas en aras de su liberación y el de las mujeres, para que ambos puedan construir su propia libertad.

¿Existió el poder en la mujer?

MUJER BALINESA Se han hallado muchos documentos históricos y crónicas en donde aparecen registros sobre la mujer como parte fundamental de los estamentos sociales. Pero no existen registros, ni estudios desde la antropología que tenga como objetivo fundamental el análisis de la cultura desde, o a través de una perspectiva feminista. Existen muchas evidencias que muestran el poder que tuvo la mujer en la antigüedad. Las diosas griegas son un ejemplo de ello, pero la mayoría de estas informaciones son contradictorias y se encuentran cargadas de mucha ficción que las deja en el plano mítico.

Autoras como Rosalía Díez citan a cronistas y autores que en al algún momento de su trabajo resaltaron el papel de la mujer en la cultura. Bachofen, por ejemplo, en el libro "el matriarcado", analizó la historia de Grecia a través de su mitología, buscando la existencia de dicha estructura, pero solo pudo reconocer la hegemonía masculina sobre los derechos de las mujeres. Cronistas como Herodoto, registraron en sus diarios de viaje hechos que resaltaban la forma de vestir y de alimentarse de las mujeres, pero son datos sin mayor trascendencia sobre la situación de estas dentro de los grupos a los cuales pertenecían.

En medio de tantas incógnitas que no logran aclarar el por qué de la supremacía masculina, se han encontrado evidencias del poder femenino que datan desde el año 100 – 500 a.c. En países como el Japón se han hallado registros desde el siglo IV con emperadoras que tuvieron el poderío durante siglos, como la reina Wa quien unificó tribus de clanes y guerreros (Díez: 1997). Pero la mayoría de estas informaciones tienen su mayor sustento en lo mitológico. Por tanto las pruebas materiales y las escrituras siguen siendo un misterio en donde se pierde la pista del por qué de la opresión de la mujer.

Referencias a la mujer desde la antropología

Estudios más modernos empiezan a analizar el papel de la mujer en la sociedad. Lewis H. Morgan, hizo muchos aportes sobre el estudio de la familia, y sustentó que las causa de la situación de la mujer fue el matrimonio monógamo patriarcal. Morgan propuso las diferentes etapas de evolución de la sociedad, el sistema de clasificación de parentesco, una distinción analítica entre familia y casa y una teoría antropológica más amplia que sirvieron de sustento a los trabajos hechos posteriormente por Marx y Engels.

Engels, retomó el trabajo de Morgan e hizo un análisis sobre la familia, en donde planteó que la sumisión del sexo femenino, fue el producto de la aparición de clases y la propiedad privada. Su análisis, desde una perspectiva de la tierra y la propiedad sustenta esta tesis.

Por su parte el francés Claude Meillasoux, hizo un razonamiento sobre la condición de la mujer desde una visión mucho más material. En su libro "Mujeres, graneros y capitales", sostuvo que el acceso a los productos y su correspondencia con las relaciones que se dan en torno a estas, deben regularse a través del matrimonio.

Margaret Mead, una de las autoras más famosas de la antropología, desarrolló su teoría sobre las relaciones entre hombres y mujeres, haciendo importantes aportes que sirvieron de análisis a la teoría feminista. Gran parte de su investigación denunció la injusticia que sufren las mujeres en las sociedades occidentales. Además pudo demostrar que todo lo adjudicado a la mujer como algo "natural", eran construcciones culturales. Era bastante freudiana y ha sido muy cuestionada, teniendo en cuenta que ella no gozaba del privilegio de las críticas feministas de hoy.

Maurice Godelier, desde la antropología política sustenta la importancia que tiene la mujer en la comunidad, que se debe a sus funciones económicas y reproductivas, hecho que hace necesario su control.

La antropóloga Ruth Benedict, dedicó sus investigaciones a otros temas poco relacionados con las problemáticas de las mujeres y de su relación con los hombres.

Por su parte Claude Levi-Strauss, recalcó en su hipótesis conocida como "la teoría de la alianza", la importancia del matrimonio en la sociedad como algo opuesto a la importancia de la descendencia. Para Levi-Strauss, el intercambio de las mujeres tiene como resultado una mayor solidaridad social y una mayor oportunidad de sobrevivir para todos los miembros de una sociedad (Bohannan y Glazer:1998).

Los estudios realizados desde las ciencias sociales y desde la antropología clásica, dejaron de considerar la participación de la mujer y su papel dentro de las sociedades. La mayoría de trabajos sobre familia y parentesco en culturas no occidentales fueron hechas por hombres, donde los informantes también lo eran. Este solo hecho deja en evidencia que la mayoría de las etnografías fueron interpretadas desde una perspectiva masculina, dejando por fuera la percepción femenina de la sociedad. Además, las mujeres se presentan en un segundo plano como simple parte del sistema. Partir de las bases demográficas en donde hombres y mujeres representan cada uno la mitad de la población, es observar que la antropología durante años ha dejado por fuera una parte básica de su objeto de estudio. Esta es una de las críticas más fuertes que ha recibido la antropología por parte de antropólogas feministas. Tanto los hombres como las mujeres tienen experiencias vitales diferentes, y este factor ha sido tenido en cuenta muy pocas veces por la antropología clásica.

Antropología feminista

La antropología feminista nació alrededor de 1970 con una pregunta como punto de partida: ¿Por qué es universal la opresión de las mujeres? Dicha pregunta ha traído como consecuencia confrontaciones durante estas tres décadas, que no han logrado responder este interrogante, pero que han posibilitado otros espacios de convivencia académica, de investigación, de nuevas propuestas; y también del ejercicio continuo de autocrítica a la antropología, al feminismo y a los estudios de género.

Esta sub-disciplina es muy joven dentro del campo de la investigación y a pesar de ser muy crítica con la antropología clásica y proponer nuevos temas de estudio, no ha podido escapar a las dificultades centrales que siempre han existido en esta ciencia. Los problemas teórico-metodológicos, la objetividad y los cambios impuestos por el ritmo actual de un mundo globalizado, siguen presentes en esta disciplina. No es sólo la antropología, sino cada una de sus especialidades, las que se encuentran enfrentadas a nuevos retos de investigación.

El método de estudio a través del cual se sustenta la antropología permite entender uno de los hechos más importantes que mantienen las relaciones humanas: La Simbología y sus significados en las diferentes culturas. Es en este contexto, donde las relaciones entre hombres y mujeres chocan en un mundo en el cual las desigualdades siguen ocupando un papel preponderante en la mayoría de las sociedades. La oposición que hay entre dos conceptos como feminismo y machismo traen implícitos una serie de contradicciones que hacen más complejo el escenario, si se asume que este escenario no es el mismo y que cambia día a día.

En este sentido cabe preguntar: ¿Cómo hacer descripción y análisis, si estos a su vez están cargados de conceptos preconcebidos como parte de ese panorama simbólico de exclusión?. Es decir, ¿Cómo se puede superar el plano subjetivo de análisis, si la historia del pensamiento antropológico ha marginado a la mujer? Los movimientos feministas y los estudios de y para la mujer, han expresado con mucha animosidad este hecho. Y es un hecho válido también, porque expresa una realidad muy concreta: La construcción de ese conocimiento ha sido un proceso desigual y excluyente.

Estas preguntas dejan en evidencia una situación presente en los discursos realizados por las feministas, y es que muchos estudios sobre la mujer se han realizado en un panorama que puede generar marginación. Asumir de alguna manera la posición contraria frente a los hombres por los errores cometidos en el pasado puede resultar peligroso, porque se tiende a un "encierro intelectual" que sólo dimensiona sus propias preocupaciones. Es decir, el hecho de que las mujeres fueran excluidas de los estudios antropológicos, ha fomentado una actitud contestaría que puede ser rígida a la hora de valorar cualquier realidad.

Pero este es uno de los tantos problemas a los que se enfrenta la antropología constantemente. La recopilación de información y el trabajo de campo esenciales en las investigaciones, necesitan del factor tiempo, determinante para la construcción del discurso teórico. La teoría antropológica no ha sido producto de la espontaneidad, sino que ha surgido como resultado de ensayos, errores y aciertos; pero ante todo de la experiencia que se adquiere a lo largo del tiempo.

La antropología feminista, como otras disciplinas de la antropología, carece de historia, en la medida en que lleva poco tiempo en el escenario de la investigación. 20 ó 30 años de trabajo pueden ser pocos si se tiene en cuenta la lucha histórica de las mujeres por la igualdad de los derechos frente a los hombres; y de la misma antropología para llegar a lo que es hoy.

¿Se puede pensar entonces en una carencia teórica para enfrentar ente nuevo reto? El método en sí de la antropología puede ser insuficiente a la hora de hacer nuevos análisis; porque estos no dependen, exclusivamente, de la descripción de "las otras", ni de las mujeres y los problemas de otras culturas. Esta nueva mirada debe comprender la concepción de ser mujer desde la propia cultura pero teniendo cuidado de no caer en el etnocentrismo, como lo expresa Thurén: Hacer antropología es hacer constantes equilibrios entre etnocentrismo y relativismo, hay que encontrar un camino entre los dos. Si te equivocas en una dirección eres mala antropóloga, si te equivocas en la otra eres mala persona(Thurén: 1997). "

La antropología actual se enfrenta a retos mucho mayores y en un plano más complejo, en donde la sumisión de la mujer y el machismo también han adquirido "nuevas formas" en sociedades cada vez más móviles y comunicadas. El análisis de los problemas actuales no pueden ser vistos linealmente, ni desde los viejos esquemas de sumisión hombre versus mujer. Deben ser observados teniendo en cuenta que el orden mundial es diferente, donde las condiciones locales están determinadas por el más global de los factores; y los medios de comunicación alteran el reconocimiento de las identidades. En este sentido, hablar de culturas híbridas –término planteado por García Caclini para expresar la capacidad de abarcar diversas mezclas tales como lo tradicional y lo moderno, o lo culto, lo popular y lo masivo-, es fundamental para tener en cuenta que los problemas de las mujeres han sufrido una transmutación mucho más compleja, a pesar de tener el mismo origen.

Hacer una análisis al interior de cualquier contexto sin tener en cuenta esta premisa, puede llegar a generar confusiones e interpretaciones erróneas de esta realidad, y peor aún, se pueden hacer valoraciones que se traducen en visiones reduccionistas que niega otras realidades. Esto les ha sucedido en algún momento a los alegatos feministas. No es únicamente una cuestión para abordar desde lo ético, sino también el compromiso intelectual de no cometer equívocos.

Otra dificultad se sustenta en el valor político que tuvo la antropología para hacer estudios sobre a la mujer. ¿Qué interés pudo tener ésta, si la antropología ha sido una disciplina fundamentalmente masculina? Aquí el terreno ganado a la antropología clásica desde el pensamiento feminista, obedece a la lucha de los movimientos políticos que abrieron camino al mundo académico para hacer estudios sobre la mujer y a la participación de esta en la toma de decisiones al interior de las universidades, dirigida siempre por antropólogos.

Si se tiene en cuenta esto, la antropología feminista se enfrenta a un problema por partida doble, como lo expresa Brit-Marie Thurén: "Es deprimente ser estudiante de antropología y a la vez ser mujer". Porque se tiene como referente un medio intelectual de interlocución de por sí masculino, y un mundo marcado por la desigualdad por el solo hecho de ser mujer. Pensar en la antropología feminista o de género, es construir un nuevo pensamiento, donde la mujer se pueda asumir como tal, y el hombre pueda expresarse en su naturaleza sin tener como único modelo la competencia machista.

Es primordial implicar en los estudios de género a los hombres y con los hombres. Es necesario hacer un reconocimiento de lo femenino desde una perspectiva que pueda aceptar que el hombre no es ni su dueño, ni su padre. De ese mismo modo permitirle al hombre su expresividad como persona donde pueda tener una mirada diferente de la mujer, no solo desde la dicotomía de madre o de puta.

Consideraciones finales

La visión histórica del papel social de la mujer a través de las distintas culturas se refleja en la existencia de una recurrente situación discriminatoria. Esta discriminación no aparece meramente a un nivel de realidades y hechos; sino también al nivel del análisis del investigador, tradicionalmente masculino. Por ello, desde mucho tiempo atrás, esto afecta también a los propios métodos de estudio en la antropología tradicional. Las consecuencias han sido por una parte la existencia de un sesgo en el análisis social a lo largo de la historia, y por otra parte un descrédito implícito en la propia disciplina antropológica.

Desde hace 20 a 30 años, y en el contexto del desarrollo de los movimientos feministas, se puede determinar la existencia de una sub-disciplina en la antropología dedicada a los estudios de género. En este sentido, el papel de la antropología como ciencia se configura como determinante para lograr la construcción de un nuevo tipo de relaciones ente hombres y mujeres. Su labor implica tener una mayor comprensión de las relaciones humanas.

La generalización de la presencia femenina, como necesidad, en las ciencias y en las experiencias humanas ha dado lugar a una toma de conciencia del género como perspectiva, como modo de ver y como forma de experimentar el mundo.

"Si el feminismo quiere ser eficaz en su lucha política necesita de los datos de la antropología social, y si la antropología quiere ser completa tiene que reconocer todas las relaciones de poder, y desde luego no cerrar los ojos ante una de las asimetrías más corrientes, el desequilibrio de recursos entre hombres y mujeres" (Britt-Marie Thurén)

Referencias y Bibliografía

  • Bohannan, Paul y Glazer, Mark, "Antropología", McGraw-Hill, Madrid, 1998
  • Díez, C., Rosalía. "La mujer en el mundo". Acento Editorial, Madrid 1999
  • Congreso de los diputados. Base de datos, Madrid 2001.
  • Gabinete del Consejo económico social de estudios, Boletín No 26, Madrid noviembre de 2001
  • Geertz, Clifford. "Los usos de la diversidad". Ediciones Piados, Barcelona 1996
  • Informe sobre Índice de Desarrollo relativo al Género (IDG) y el y el Índice de Participación de las Mujeres (IPM). Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Madrid, 2000
  • MOORE, Henrietta L.: Antropología y feminismo, Feminismos, 3, Cátedra, Madrid / Valencia 1991.
  • Parlamento Europeo. Dirección General de estudios, documentos de trabajo serie de derechos de la mujer, 1997
  • Thurén, Britt- Marie. "EL PODER GENERIZADO. El desarrollo de la antropología feminista" Técnicas Gráficas FORMA, S.A.

    Referencias de interés en Internet:

  • Antropólogos Iberoamericanos en Red. Sección de ANTROPOLOGÍA Y GÉNERO: http://www.plazamayor.net/antropologia/genero/
  • Anastasia Téllez Infantes: Trabajo y representaciones ideológicas de género. Propuesta para un posicionamiento analítico desde la antropología cultural. Gazeta de antropología, nº 17, 2001: http://www.ugr.es/~pwlac/G17_17Anastasia_Tellez_Infantes.html
  • Instituto Nacional de las mujeres. Violencia de género. Enfoque desde la Perspectiva de Género. Costa Rica, 2001. http://www.inamu.go.cr/violencia/genero.shtml

     


  • AIBR -El Rincon del Antropologo