AIBR, REVISTA DE ANTROPOLOGÍA IBEROAMERICANA. Nº35 MAYO-JUNIO 2004


Verena Stolcke

VERENA STOLCKE

La vieja Europa en proceso de unificación está erigiendo fronteras impermeables


Entrevista: CLAUDIA NANCY QUICENO
Fotografías: ANDRÉS ALCOBER ARRANZ

Verena Stolcke es catedrática de antropología social en la Universidad Autónoma de Barcelona, en España. Doctora por la Universidad de Oxford, entre sus numerosas publicaciones destacan "¿Es el sexo para el género como la raza es para la etnicidad?” (Mientras Tanto 48, 1992); "La 'naturaleza' de la nacionalidad", que apareció en el libro editado por Veit Bader, "Citizenship and Exclusion", (1997); Mujeres invadidas", "El impacto de la conquista de América en las mujeres" o “Racismo y sexualidad en la Cuba colonial” entre otros. Ha realizado varias investigaciones en Brasil y Cuba. Actualmente se encuentra estudiando los supuestos y las implicaciones de las biotecnologías aplicadas a la fecundación asistida y en especial la clonación, desde una perspectiva de género.


P: En su artículo “La nueva retórica de la exclusión en Europa” usted habla sobre el fundamentalismo cultural ¿No se trata de darle un nuevo nombre a lo que en esencia ha sido el racismo tradicional?
R: No. Estoy en desacuerdo con quienes interpretan los prejuicios y la hostilidad en la Unión Europa hacia los inmigrantes extracomunitarios como un nuevo racismo. Este artículo es de 1995 y es el primer texto que escribí cuando llegué a Europa. Yo me crié en la Argentina, estudié en Inglaterra, después trabajé di clases durante nueve años en la Universidade Estadual de Campinas en Sao Paulo, Brasil entre 1970 y 1979. En 1979 fui contratada por la Universidad Autónoma de Barcelona. Todavía estaba acabando de escribir una antropología histórica del café en Sao Paulo, en la que analizo la transformación de los sistemas de explotación del trabajo, los cambios en la familia y en las relaciones de género que apareció en 1986 en Sao Paulo con el título Cafeicultura. Homens, Mulheres e Capital (1850-1978) y fue publicado en inglés en 1988. Cuando me instalé en Barcelona decidí comenzar a investigar sobre la vieja Europa. No me considero ni “cubanista” ni “brasilianista” sino antropóloga y feminista.

Lo que quiero y lo que me interesa es entender qué está pasando aquí en este viejo mundo. Entonces empecé a recoger información, no directamente sobre la cuestión de la “nueva” inmigración, sino sobre cómo en la vieja Europa, se ve, se caracteriza y se define el llamado problema de la inmigración. Empecé a leer prensa, documentos, discursos y escribí este artículo sobre las nuevas retóricas de exclusión en Europa. Descubrí -y este es un tema muy polémico- que de hecho sobre todo en el discurso de la clase política de derechas pero también de centro, y a veces incluso, aquí en el Estado español en las retóricas políticas nacionalistas, por ejemplo, en Cataluña, se justifica el rechazo de los inmigrantes y el cierre de las fronteras con argumentos culturalistas en lugar de racistas clásicos. Te doy un ejemplo muy simple pero esclarecedor. Cuando la policía para a un grupo o a una persona de tez morena, de movimiento corporal aparentemente extranjero, no está interesada en su cociente de inteligencia si no, si se trata de inmigrantes extracomunitarios.

En cuanto a la cuestión es su nacionalidad, sus “papeles”, es un criterio de identificación muy distinto. Lo que está en juego son las fronteras nacionales, son las nacionalidades, son los pasaportes, son los papeles y la carencia de ellos parte de los llamados clandestinos, producidos por los propios gobiernos europeos con las leyes de extranjería. Lo que sugiero es que hablar de viejo o nuevo racismo, implica el riesgo de ocultar lo que les está realmente ocurriendo a los inmigrantes internacionales en un mundo globalizado en que las fronteras nacionales se están convirtiendo en barreras infranqueables y los estados ricos se están tornando cada vez mas exclusivos. verena stolcke

La vieja Europa en proceso de unificación está erigiendo fronteras impermeables a su alrededor. Al mismo tiempo el concepto de cultura, la marca de fábrica de la antropología, se ha convertido en tan ubicuo como ambiguo. Y la exclusión de los pobres del mundo se justifica con el argumento de que son culturalmente diferentes y amenazan con subvertir las identidades culturales y la buena vida de los ricos. Para comprender cómo la clase política entiende y presenta el llamado problema de la inmigración hay que prestar atención a la forma política moderna del estado nación que está lejos de desaparecer, en lugar de buscar indicios del viejo y tan familiar racismo para no ocultar el carácter eminentemente político de las exclusiones actuales.

Es complicado entender, porque los límites son demasiado etéreos y se puede caer muy fácilmente en el particularismo. Hay una frase suya donde llama la atención sobre el resurgimiento de ese particularismo, y cómo se cuelgan de este para justificar desigualdades. Hay que tener un buen conocimiento del tema para no confundirse. Pero lo que está predominando es precisamente esto, ¿Cómo ve esta situación?
Se trata de una retórica eminentemente política, y donde las desigualdades socio-económicas de los inmigrantes son la consecuencia de su exclusión política. Es decir, el que se les niega la ciudadanía lo cual nada tiene que ver con su cociente de inteligencia pero mucho con su diferencia cultural. Quienes rechazan a los inmigrantes sostienen que los seres humanos somos xenófobos por naturaleza y que por lo tanto es natural desconfiar de los extranjeros y mantenerlos a distancia. Cómo todos somos xenófobos, gentes de culturas diferentes no pueden convivir pues producen conflictos sociales inevitables. Según este fundamentalismo cultural, todos los seres humanos poseemos una cultura pero cada cual debe vivir en su propio país. Esa es la cuestión. Los inmigrantes y las inmigrantes se encuentran en situaciones de una penuria extraordinaria tanto los que tienen papeles como los que no tienen papeles. Penuria económica, social, marginalidad; precisamente porque son extranjeros, porque no tienen un pasaporte europeo, y no por su fenotipo. El fenotipo sirve como indicador de quien son indeseables por ser extranjeros con culturas extrañas.

Usted habla en su artículo sobre la inmigración y el “Umbral de la tolerancia”. ¿En qué radica ese llamado umbral con respecto a la alteridad?
Aquí se plantean dos cuestiones. La tan mentada “alteridad” no existe en sí, sino que es construida. Por una parte, lo que ha ocurrido, y desde la antropología nos tenemos que dar cuenta, pues hemos contribuido a ello, es la construcción de esta noción de alteridad, de otredad, de “los otros”, etc., como si se tratase de una realidad congelada ahistórica; como si existiesen en el mundo una especie de cajas cerradas que somos "nosotros" frente a “los otros”, en véz de percibir que todos los pueblos somos el producto de procesos políticos de construcción de identidades, fronteras y exclusiones.

Claro que la diversidad cultural existe pero esas diferencias son fluidas y se tornan exclusivas en contextos políticos específicos que necesitamos des-cubrir. Por ejemplo, tú eres una mujer, y como mujer eres como yo, eres una colombiana y yo soy alemana. Hemos nacido en diferentes sitios y tenemos pasaportes distintos. Pero también somos seres humanos. Estas diferencias pueden adquirir diferentes significados en diferentes contextos; se trata de procesos históricos y por lo tanto variables. Por otra parte, la idea de que existen “niveles de tolerancia” de inmigrantes forma parte del discurso más conservador y excluyente que sostiene que una colectividad, un país, una región no puede aguantar más de un cierto porcentaje de gente venida de otros sitios, que sea de la comunidad de al lado o de más lejos, porque crean conflictos. Pero ¿Cómo se miden esos niveles de tolerancia que se le atribuyen a los nativos? ¿Cómo se mide la distancia cultural entre, por ejemplo, el cuscus árabe y el chucrut, un plato típicamente alemán? Los llamados niveles de tolerancia dependen enteramente del tejido social, de las estructuras políticas que determinan la voluntad de acoger o el poder de rechazar a otras gentes.

Cuando en el siglo XVIII emigraron cerca de 45 millones de europeos a las Américas mientras que la población indígena vivía marginalizada nadie habló de niveles de tolerancia, sino todo lo contrario. Los europeos se establecieron y muchos prosperaron y continuaron marginando a los autóctonos. La xenofobia no tiene nada que ver con la naturaleza humana sino que es un argumento ideológico que precisamente oculta las razones políticas subyacentes de la desconfianza y el rechazo de “otros”. Yo suelo mencionar la persecución de los judíos alemanes por el régimen nazi: los judíos alemanes eran indistintos de la población alemana; para distinguirlos y estereotiparlos se le obligó a ponerse la estrella de David amarilla en el brazo, técnica de identificación que ya habían usado los castellanos durante el proceso de expulsión de los musulmanes y los judíos en el proceso de unificación del imperio español. ¿Por qué ponerles una marca? Porque eran indistintos en sus hábitos y costumbres sociales; por su fenotipo no había manera de distinguirlos. La persecución y el exterminio de los judíos por los nazis fue una forma radical de relativismo cultural-racial.

¿Hay una preocupación en el marco actual de las migraciones, “como amenaza”, frente a los llamados estado-nación?
Mi planteamiento acerca del fundamentalismo cultural actual, cuando insisto que este es propio de los nacionalismos y que viene del siglo XIX europeo, de la formación de los estados nación, siempre suscita polémica. La gente suele suponer que un exclusivismo cultural es menos malo que prejuicios y discriminaciones racistas o una doctrina racista. No entienden que lo que está en juego en el fundamentalismo cultural actual es la exaltación de la nación entendida como un pueblo claramente circunscrito que posee una cultura e instituciones homogéneas y una lengua y que se siente amenazada por gente culturalmente distinta, aunque todos los pueblos son el producto de migraciones. La división del planeta y de la humanidad en estados nacionales es, en cambio, un fenómeno histórico reciente cuando se difundió este modelo político hasta los confines del mundo gracias a la hegemonía europea. Lo que estoy planteando en última instancia es una crítica de estado liberal moderno democrático pero excluyente, Tal vez es esto lo que provoca inquietud.

verena stolcke Hay dos conceptos en su artículo “identidad europea” e “inmigrantes extracomunitarios”. Se habla de construir una identidad europea de 18 ó 20 países diferentes. Una persona griega no es igual a una italiana, ni una alemana es igual a una persona española ¿Por qué en España se acepta más fácil un alemán pero no a una persona de Rumania, que también es Europa? ¿Por qué aceptar a una persona griega, con otra religión, otro idioma; pero no se aceptan personas colombianas o ecuatorianas, que hablan castellano y son católicas? ¿En qué consiste esa identidad europea frente a lo extracomunitario?
Dos cosas; los ejemplos que acabas de dar son excelentes precisamente para mostrar su carácter político e histórico. ¿Cuáles son los criterios que empleas para sugerir que unos son mas diferentes que otros? ¿Por qué crees que una “identidad europea” es incompatible con lenguas y religiones diferentes? Segundo, no soy yo quien habla de una identidad europea, sino que es la Comisión Europea, son los políticos europeos. Jean Monnet, uno de los padres de la Unión Europea, decía “si yo lo hubiera sabido, yo hubiera empezado por la cultura y no por la economía”. Temía que la diversidad de culturas y lenguas en Europa serían un obstáculo para su integración. Su idea de integración estaba inspirada por el modelo europeo del estado nación. Y comparemos Suiza con, que es un estado multicultural.

Yo, en cambio opino que las diferencias culturales se tornan problemáticas en circunstancias políticas específicas y propongo que se conceda la ciudadanía a los inmigrantes. ¿No dicen que lo diferente se atrae? En condiciones sociales y políticas favorables los seres humanos nos podemos comunicar. Somos seres sociables. Pero esa capacidad y necesidad de dialogar y compartir con otras personas se rompe cuando se crean por razones económicas y políticas las fronteras. Todavía estamos aquí en el planeta porque nos hemos mezclado, hemos migrado por el planeta. Procedemos todos de África oriental. Éramos todos negros y negras pero hemos conversado. Como bien escribió Antonio Tabucci, “el diálogo es la cultura de la Humanidad” a menos que razones de estado nos lo impidan. El diálogo es adaptativo.

Cuando se habla del estado nación, de identidad europea, tenemos que remitirnos al territorio (el estado nacional territorial). En este esquema algunos antropólogos sostienen que en la actualidad todas las culturas son de frontera, por los cambios que genera la globalización, los avances de los medios de comunicación. En su artículo habla de que el fundamentalismo cultural segrega las culturas espacialmente.
Ya señalé la contradicción entre la globalización económica, es decir la movilidad cada vez más acelerada de capitales y mercancía, y el cierre de las fronteras por parte de los países ricos. El argumento con que se justifican las llamadas “repatriaciones” es que ellos que nos invaden deben regresar a sus sitios, sus países pues de otro modo estará en entredicho la paz social.

¿No cree que el cierre de fronteras se puede caer por su propio peso? Las dinámicas económicas dicen otra cosa.
Es una contradicción cerrar las fronteras, repatriar a los inmigrantes y al mismo tiempo reconocer que la vieja Europa necesita esa "mano-de-obra" inmigrante. Lo sorprendente es que con las bajísimas tasas de fecundidad en Europa la pirámide demográfica se esta invirtiendo. Es decir, que cada vez hay menos jóvenes y una población que va envejeciendo gracias al aumento de las esperanzas de vida. Hacen falta las y los inmigrantes. La feminización de la inmigración responde a un proceso de globalización de los cuidados. Estas mujeres inmigrantes cuidan de “nuestra” gente mayor, de “nuestros” niños, de los enfermos, del perro, de la limpieza, una buena parte de ellas. ¿Qué haría la vieja Europa sin estas mujeres y sin algún joven colombiano que cuida de un señor mayor. No cabe duda que hacen falta. ¿Cómo se explica, sin embargo, que el gobierno del PP y otros gobiernos europeos diseñen leyes de extranjería o de inmigración cada vez más restrictivas?. Esa legislación genera una bolsa de los llamados “ilegales” que son "mano-de-obra" muy barata. Pero al ser “ilegales” y carecer de derechos ciudadanos no pueden defenderse contra tasas de explotación extremas debido a los salarios muy bajos. Seguramente hay elementos ideológicos en las políticas de inmigración.

En ese marco laboral que acaba de describir tan complejo, enriquecido por lo que es la migración, porque yo lo veo como una amalgama de múltiples cosas. ¿Cómo percibe la variable género?
La imagen clásica del inmigrante es la de un joven soltero que va a hacer la América o la Europa. Eso una falacia. Es cierto que en el inicio de la “nueva” migración llegaban más hombres pero entre tanto la tasa de sexo se ha equilibrado. No obstante, las oportunidades y las experiencias difieren entre mujeres y hombres. El mercado de trabajo internacional que se ha configurado con esos movimientos de población y la globalización, esta doblemente segmentado. Por un lado están los trabajadores nacionales que gozan de los beneficios de la legislación laboral, etc,. Por otro están los hombres inmigrantes que suelen estar en una situación laboral más precaria porque no tienen la ciudadanía. Y, finalmente, están las mujeres que se insertan en espacios profesionales específicos donde no compiten en términos de igualdad con los hombres pues son empleadas en trabajos típicamente femeninos como lo son los trabajos de cuidado. O viven del trabajo sexual.

¿Por qué vuelve a resurgir el particularismo como una forma que permite justificar desigualdades?
No es para justificar las desigualdades, no es así tan directo, tan causal la explicación. En 1973 empiezan las sucesivas crisis económicas. Los inmigrantes que eran muy bienvenidos, eran inmigrantes intra-europeos en parte, porque en Alemania la gente que venía de Turquía muy bienvenidos se convierten en extranjeros indeseables. En ese proceso Francia es la punta de lanza, la nueva derecha va desarrollando un discurso cada vez más excluyente y que es nacionalista. En la Francia republicana universalista, es un universalismo chauvinista subido. Acuden al argumento de que esta gente erosiona la identidad nacional francesa y después siguen los demás. En Alemania dicen, el barco se hunde porque el barco no aguanta más pasajeros. La invasión inmigratoria, la bomba demográfica que estalla en África. Si has estado en África alguna vez, verás que es un continente con una densidad de población muy baja. Además, nunca el crecimiento demográfico ha sido una variable independiente, las conductas reproductivas dependen de factores sociales y económicos.

¿Qué opinión le merecen los conceptos de género, el feminismo y mujeres? ¿Por qué hay una discusión fuerte en torno a ellos?
Siempre se ha discutido sobre ello. Yo soy feminista desde el principio hacia fines de los 1960s Primero hablábamos de nosotras entre nosotras. Las primeras propuestas teóricas feministas suponían la mujer universal sometida siempre debido a la universal carga de la maternidad. Pero la antropología hizo una contribución importantísima en la medida en que demostramos que lo que nos interesaba no era sólo hacer visibles las contribuciones de las mujeres en la historia y en las sociedades, sino comparar nuestras diversas experiencias en relación a los hombres para demostrar, como nos había enseñado Simone de Beauvoir, que “la biología no es destino”. En aquellos años tuve mis dos hijas y me parecía absurdo que la maternidad podía ser la causa de nuestra domesticación y discriminación, que para emanciparme debía abdicar de un rasgo que me era propio como mujer.

La idea posterior de que el trabajo asalariado emancipa resultó igualmente discutible, pues el grado de independencia de quien se inserte en el mercado de trabajo depende enteramente de qué es lo que le pagan y cómo le reconocen. Fue hacia fines de los años 1970s cuando teóricas feministas comenzaron a emplear el concepto de género, por cierto, aún poco claro. Por una parte es una palabra muy academicista que no se entiende en la calle. Por otra, se suele confundir género y mujer al suponer que los temas de género son temas de mujeres e ignorando que se trata de desenmascarar precisamente las relaciones entre mujeres y hombres en tanto que construcciones socio-culturales. La condición y la experiencia de las mujeres está en función de aquellas de los hombres y viceversa. Es decir, se trata de una relación de poder que varía en la historia y entre sociedades. Las investigaciones y las teorizaciónes feministas están íntimamente relacionadas con el movimiento feminista que es a su vez el movimiento social más continuo y más constante después de la segunda guerra mundial. Es cierto que la sexualidad como regulación social del deseo sexual desparece de la agenda política y académica y sólo se replantea en los años 90, gracias al movimientos gay y de lesbianas que luchan por el reconocimiento de orientaciones sexuales distintos de la norma heterosexual. Ahora, yo estoy interesada en descubrir cómo distintos criterios de clasificación social tales como la clase social, las doctrinas raciales y sistemas de género se articulan en la configuración de las desigualdades de género.

Usted ha hablado sobre las técnicas de reproducción asistida y la fecundación in-Vitro, aunque es un tema muy complejo, ¿Cuáles son sus últimas aportaciones ante esa situación?
Lo más reciente que he trabajado en ese campo es analizar la clonación. Fue necesario aprender biología y biogenética para poder hablar con conocimiento de causa y analizar los supuestos y las consecuencias socio-políticas de estas innovaciones biotecnológicas. He tratado de identificar estas biotecnologías en su significado biogenético. Me he preguntaba qué hay detrás del hecho de que exista una demanda por la fecundación in Vitro y que incluso se esté discutiendo la clonación reproductiva como otra posibilidad para solucionar casos de infertilidad, sobre todo masculina. Siguiendo por este camino descubrí que existe una condición límite, tanto para la experimentación biotecnológica en general como para la clonación, que sea terapéutica o que sea reproductiva. Esta es la disponibilidad de ovocitos. Es decir, que al superar la demanda de óvulos a la oferta, éstos se han convertido en óvulos de oro, como dijo en su día el titular de cierto diario. Espermas hay, en cambio, millones. Los óvulos se encuentran en el útero de mujeres y de vez en cuando aparecen anuncios que apelan al altruismo de las mujeres para donar óvulos, para ayudarle a otra mujer a concebir. Yo no estoy nada segura si esos anuncios no buscan óvulos también como materia prima necesaria para toda la experimentación en el campo de la clonación humana. Esto hay que entenderlo en el conocimiento de la biología.

¿Cuál es el aporte que puede hacer la antropología a los estudios de género, por la lucha de la igualdad entre hombres y mujeres?
Yo creo que desde esta disciplina tan amplia hacemos de todo, estudiamos cosas muy diversas. Lo que nos toca es tomarnos la docencia realmente en serio. Eso quiere decir actualizarnos en términos de problemáticas, temáticas y de perspectivas analíticas, y sobre lo que ocurre en el mundo. Quiere decir hacer investigación en serio y en profundidad, es decir, estudiar los fenómenos que nos interesan con rigor, con lucidez, con seriedad y compromiso.

Para terminar, ¿Qué nos diría a las y los estudiantes y a los que queremos aprender antropología, desde el punto de vista profesional?

Más que una recomendación fundamental quiero insistir en que hay que leer, hay que estudiar, hay que recuperar las tradiciones antropológicas, no para trabajar con los modelos antiguos, pero si para poder entender las novedades que se han ido planteando más recientemente, tanto en el mundo como a nivel teórico. Hay que leer, hay que trabajar. Hacer una investigación no es pasarse un día, hablar con alguien, sino que hay que trabajar de modo sistemático.


AIBR -El Rincon del Antropologo