AIBR, REVISTA DE ANTROPOLOGÍA IBEROAMERICANA. Nº26 ENERO 2003

PESCADORES DEL CANTÁBRICO: LA OTRA MIRADA DEL DRAMA


Fotografías y texto: Sergio López


El presente texto es parte de una etnografía sobre la vida de los marineros de pesca de cerco. El trabajo de campo fue realizado durante el mes de Julio de 2002 en un pesquero perteneciente a la cofradía de pescadores de San Pedro en Santander (España), faenando por las costas de Cantabria, País Vasco y Francia.

Ahora que la alarma mediática ha disparado sentimientos de solidaridad hacia las poblaciones de los litorales Atlántico y Cantábrico, no puedo menos que intentar mostrar desde este espacio hasta qué punto dicha solidaridad debe ser reclamada de forma crónica, y sin que haga falta sufrir la catástrofe de un petrolero y una marea negra. Tal vez las breves descripciones que se realizan a continuación le puedan servir al lector para comprender que el vertido de la carga de un petrolero agrava hasta niveles alarmantes la desgracia de la vida de las familias de los pescadores. La pretensión de estas "pinceladas" etnográficas se dirige más bien a otro drama que queda debajo de lo que hemos visto en los medios de comunicación; un drama del "día a día", escondido, latente y callado; como lo están las miles de toneladas de terror negro que aún permanecen encerradas en el fondo del Atlántico.ECHADA

La primera imagen del periodo de este trabajo de campo tal vez pertenezca a Bove, el marinero más veterano de todos tripulantes del barco, un pescador que finalmente se decidió a contar cómo había sido la tragedia que hace veinte años acabó con la vida de todos sus compañeros de pesca en un naufragio; convirtiéndose en el único tripulante que pudo contarlo.

En ese momento se puede comprender que subir a un barco y presentarse a los pescadores con la "etiqueta" de ser un hombre de tierra no debe ser ningún inconveniente para ganar la confianza de los marineros. En un barco de pesca de cerco, con doce tripulantes a bordo, el espacio es limitado, las horas muertas son muchas y la novedad de ver un investigador a bordo finalmente motiva a entablar conversación, a explicar y a intercambiar. Esta circunstancia puede suponer una ventaja metodológica, pero también es algo que se puede volver en contra. Si bien los pescadores estaban "cautivos" a la hora de realizar entrevistas y conocer su forma de vida, esa misma situación provoca que el investigador sea un elemento cautivo para todos ellos y esté obligado a contar también sus razones y circunstancias. Se trata de un micro-mundo relativamente cerrado, donde todos se conocen, con sus simpatías y sus roces, y donde se está obligado a negociar cualquier tipo de problema que pueda surgir.

Una vez dentro, resolver cualquier problemática de técnica etnográfica puede ser simplemente una cuestión de perseverancia. Posteriormente, explicar el reflejo de lo vivido a la gente de tierra en unas líneas como estas no es, desde luego, algo tan sencillo. Es fácil acogerse a los alegres tópicos que con frecuencia se construyen con respecto a la vida de los hombres de la mar. Partir de un una idea establecida y tratar de modificarla, o cuanto menos matizarla, hace que estas páginas sólo aspiren a ofrecer un poco de luz que sirva como punto de partida.

Accidentes y salud a bordo

Hablar con cada pescador es escuchar vivencias, accidentes y desgracias de las que nadie se ha librado a lo largo de su carrera. Es una permanente lucha contra la muerte por los riesgos que se corren, en cada una de las actividades que exige la pesca, en alta mar. En este sentido, se puede afirmar que la salud de los pescadores está siempre expuesta a una seria vulnerabilidad. Corroborar estas historias es fácil porque en una cofradía relativamente pequeña, cada uno de los pescadores puede hablar de lo que le ocurrió al otro de manera muy similar.

PASAJES Mientras ajustaba mi cámara para fotografiar una ristra de marrajos (tiburones) en el puerto de Pasajes, Juan, uno de los dos mecánicos, me explicaba cómo en la cubierta de los palangreros (barcos que pescan mediante aparejo de cable y anzuelo), se colocan uno a uno todos aquellos que van pescando. Los marrajos mueren poco a poco, tras haber mordido la carnada, cuando los movimientos del barco y de las olas les van desangrando. El peligro se manifiesta en el momento en que –como le ocurrió a un pescador de la cofradía- un marrajo moribundo tiene aún fuerzas de rabia para saltar y atrapar en sus fauces la mano derecha de un hombre, haciéndole perder casi todos sus dedos. La dureza del oficio de un pescador hace que no quepa lugar para muchos sentimientos.

Pero en la pesca de cerco, el oficio de mayor riesgo y sin duda el más duro, es el del botero. Así se llama al pescador que mantiene la luz a través de los focos situados en un pequeño bote para que la pesca permanezca en un determinado sitio mientras el barco le rodea y realiza la maniobra de cerco. Mantener la estabilidad de una pequeña barca en plena mar, de noche, mientras dura el cerco, ante lluvia, viento, nieve y mal tiempo, hace que el botero acabe en ocasiones con sus manos abriéndose en carne viva y sangrando hasta que se recoja el arte (red) con toda la cazada (pesca). El botero del barco, me decía con resignación "Si te lo mandan, hay que hacerlo, y si tienes mala suerte con el tiempo, más te vale resistir porque estás allí solo hasta que te recojan".

MARRAJO, TIBURÓN Accidentes y heridas ocurren a diario. Conversando en la cubierta una tranquila noche, mientras la pesca se acercaba a la luz de los focos, el segundo patrón me señalaba la multitud de "samaniegos" (pez escorpión) que subían a la superficie atraídos por la luz; y me contaba lo ocurrido cuando la terrible picadura de uno de ellos le había obligado a estar un mes de baja. "¿Qué ocurre si estáis en bocarte (pesca del boquerón), en alta mar, y alguien enferma de pronto?" -le pregunté-. "Cuando me ocurrió a mi, por fortuna estábamos cerca de la costa y llegamos enseguida a puerto. Ahora se puede llamar a un barco-hospital o incluso a un helicóptero, pero…¿Antes?"

Al margen de los accidentes, un pescador ya da por hecho que acabará sus años con ataques de reuma; sin mencionar las pulmonías, neumonías y gripes. La edad de jubilación de un pescador es diez años menor que en el caso de un trabajador de tierra. Estar y hablar con uno de ellos, o simplemente verles y preguntarles su edad, es comprender de inmediato que ellos envejecen con una rapidez mucho mayor.

CAMAROTE Y CATRES Trabajar y producir. Competir, subastar y repartir

Uno de mis contrincantes de ajedrez se puso en mi lugar para explicarme su jornada de trabajo: "Imagínate que cuando llega la hora de salir de tu oficina y largarte a tu casa tu jefe te dice: No, no puedes ir a casa, ahí tienes tu camarote, tu catre, y no puedes ir a ver a tu familia hasta que hayamos pescado todo lo que podamos…y estáte dispuesto a cualquier hora de la noche porque puede sonar la sirena en cuanto haya pesca". Es fácil comprender que la jornada laboral de un pescador dura 24 horas. Si a eso le unimos que el mes tiene en algunos casos treinta días de trabajo, tal vez calcular el salario por hora nos remita a cifras similares a las de las primeras épocas de la revolución industrial.

En Cantabria, en el caso descrito, los pescadores cobran por soldadas, unidades uniformes de salario que se calculan cada vez que se ha vendido la pesca en la lonja y una vez deducidos todos los gastos del barco y la retribución del armador (el equivalente a la figura del empresario). Para ilustrarlo, usaremos un ejemplo real de una de las ventas diarias.

Una venta normal en lonja de cinco mil euros puede finalizar en una soldada por día real de trabajo y pesca de 49 euros (tablas 1 y 2). Durante una semana suele haber como media cuatro jornadas de soldada.

PESCA Como norma general, cada miembro recibe una soldada, si bien algunos reciben más de una, debido a que realizan varias tareas en el barco. Este es el caso del cocinero o los encargados de la nevera (bodega).

A través de estos cálculos, por un lado destacamos que los miembros sólo recibirán salario en caso de que: Primero, haya pesca, y segundo, esta se venda en la lonja (hay días que esto no ocurre). Además, se observa no sin cierta sorpresa que la antigüedad del pescador no influye en absoluto de cara a recibir más o menos salario. De hecho, en el barco convivían chicos que llevaban apenas tres años de oficio y que –por ser pinches- cobraban más dinero que otros que llevaban cerca de cuarenta años y que incluso habían sido patrones de otras embarcaciones con anterioridad. Como conclusión adicional, resaltamos que las unidades de salario están en función de un trabajo realizado, y no de unidades de tiempo. Algunos de los rasgos comentados (además de otros muchos no descritos) podrían plantear una evaluación sobre si la vida en un barco de pesca está o no caracterizada por los aspectos de una institución total. Aunque no es el objeto de una etnografía realizar este análisis, esa sensación no se percibió de forma determinante.

TABLA 1. Cálculo del valor de la soldada.

Subastado en Lonja (Euros).

5.000

Deducciones:

.

Gastos del barco
(Comida, hielo, baterías, etc)

-400

Seguridad social
(20% de lo subastado)

-1.000

Servicio de lonja
(3,5% de lo subastado)

-175

Retribución al armador
(50% de lo subastado)

-2.500

Capital de soldada

925

Unidades de trabajo

19

Valor de la Soldada

49



TABLA 2. Cantidad de soldadas y distribución entre los miembros.

Cantidad de
miembros

Puesto

Unidades
de trabajo

1

Armador (en este caso, coincide con patrón)

2,00

14

Pescadores (incluye patrón)

14,00

1

Cocinero (simultanea siendo botero y pescador)

0,25

1

Botero (simultanea siendo pescador)

0,25

2

Pinches (simultanean siendo pescador)

0,50

4

Puesto de Nevera (simultanean siendo pescador)

1,00

1

Bodeguero de puerto

0,50

2

Muchachas en puerto (reparan la red)

0,50

               TOTAL DE UNIDADES DE TRABAJO

19,00


 

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